Ya veo venir a las hordas de especialistas en Afganistán y me entran ganas de hacerme un ovillo, acuclillarme debajo de la cama y quedarme ahí hasta que escampe o hasta que acabe la ola de calor, lo que antes suceda. Los expertos en Afganistán son los mismos que los expertos en la factura de la electricidad, en la figura del indulto o en la variante Delta. Saben de todo, que es lo mismo que decir que no saben de nada, claro. Yo admito mi absoluto desconocimiento en este tema y de casi todos, pero por ese mismo motivo, por la consciencia de mis limitaciones, he aprendido que casi todo lo que se diga en estos primeros momentos, es falso o, al menos, no es toda la verdad. Sean cautos. Es más que probable que Estados Unidos no esté huyendo sino escenificando una salida porque lo haya negociado previamente con China, vaya usted a saber a cambio de qué, pero lo veremos, sin duda. Y es más que probable que Rusia esté también interesada en que las cosas sucedan de este modo. La geoestrategia es muy complicada y hace extraños compañeros de cama, por lo que conviene no precipitarse en los juicios y no dejarse llevar.

Lo que sí que resulta importante es comprender que esto no va de buenos contra malos: todos son malos. Y por supuesto, nosotros no somos los buenos, somos un país irrelevante y bastante bobalicón perdido en el caos del orden mundial. Olviden las posiciones morales: lo de Afganistán nunca ha ido de liberar al pueblo ni tampoco de proteger el feminismo, la paz y la bondad universal. Esto solo ha ido de proteger los intereses de defensa de Estados Unidos, algo que me parece perfectamente legítimo, por cierto. Damos por hecho que los americanos se van porque no han conseguido sus objetivos, es decir, que han fracasado, pero eso es mucho suponer. Un estado no es un juego y Estados Unidos, menos. Un estado no tiene ideología, tiene intereses y estos son dinámicos en el tiempo. Un político de nivel ha de supeditar las decisiones en asunto de política exterior a lo que interese en cada momento a su país, sin demasiadas heroicidades y teniendo en cuenta siempre quienes son tus aliados. Los nuestros son la Union Europea, la OTAN y, en ambos casos, muy poco. Nuestra postura, por lo tanto, no solo es inofensiva por si sola sino que deberá necesariamente ser pactada, porque en este momento estamos perdidos, sin alianzas serias con Estados Unidos, ni con el mundo árabe, ni con Hispanoamérica y completamente irrelevantes en el nuevo eje de poder en el sudeste asiático. No pintamos nada, pero, en el caso de pintar, nuestra postura debe ser fría, pactada, desapasionada y desideologizada, sin monsergas, entre otras cosas porque medio continente depende del gas de Rusia y no somos autosuficientes en materia energética. Las plañideras lloran hoy por lo que se les viene encima a algunas, pero no somos la policía del mundo, que es un lugar horrible cada día y no solo cuando nos da por mirarlo desde la hamaca, con un ojo en el móvil y otro en el mojito. Pongan todo en duda.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 15 de agosto de 2021. Disponible haciendo clic aquí).