Un idiota se inventa que un grupo de encapuchados le han rajado una nalga y España chapotea en el fango del ridículo. Tras escuchar al sínodo progre al completo en Laudes, no escuché a ninguno pedir perdón y tapar sus vergüenzas en su homilía de la tarde, cuando se descubrió el bulo del culo. Resulta curioso que la misma agresión cambie de denominación y, por lo tanto, de mitología, de sobreactuación e incluso de tipo penal, en función de la orientación sexual e ideológica del agresor. Porque hay que recordar que la agresión existió, aunque ahora la víctima diga que fue consentida. No me lo creo, pero veremos, porque la fiscalía debe actuar de oficio ante este delito de lesiones. 

Lo que seguro no existió fue esa legión de Nazgûl encapuchados, los ‘Nueve Jinetes’ fachas, los ‘Heraldos Negros’ del trasero. La agresión sí y fue realizada por un gay. Siguiendo la lógica de la violencia machista, esta fue una agresión homófoba en cuanto a que la víctima era homosexual. El punto es entender que el agresor también era homosexual por lo que podemos concluir que hay agresiones a gays buenos por parte de gays malos o, en un doble tirabuzón, que toda violencia entre homosexuales es homofobia. En este caso, al ser el agresor varón, también es violencia machista. ¿O los gays no son hombres? ¿Debemos asumir que un porcentaje de la violencia machista es violencia gay? Porque algunos a lo mejor cortocircuitan. Por cierto, ¿ha dejado ya Madrid de ser ese infierno para los gays que predicaba ayer la izquierda boba solo porque el agresor a un gay ha resultado ser también gay? 

Lo de otro día fue una agresión homófoba en un entorno de prostitución sádica, ya veremos si consentida o no. Pero si lo vemos desde el lado del chapero, fue un acto de violencia por parte de un gay a otro gay, que, por cierto, además de ser gay es más cosas, como español, varón, vecino de Malasaña, votante de un partido, puede que del Atleti y quizá creyente. Y si la víctima es todo lo anterior, ¿por qué algunos lo circunscriben a lo que más les conviene? ¿Por qué la víctima asciende en la escala progre de compasión si el agresor es un facha repugnante y desciende si se trata de otro gay? ¿Por qué el odio al agresor se relativiza al ser gay y se intensificaría si fuera un votante de derechas que va a misa? ¿Cabe más cinismo? 

Me recuerda al gato de Schrödinger. Durante unos momentos de superposición cuántica, esto puede ser lo que tú desees: el increíble caso de la nalga de Schrödinger. Sólo cuando se abra la caja y elijamos el cliché que más nos interese del catálogo podremos indignarnos en paz y compañía de los nuestros, como si Von Karajan cogiera la batuta y dirigiera con ímpetu al corifeo de un lado pidiendo silencio al otro. Y luego, al cambiar la versión, cambiáramos el lado activo del orfeón. Que Madrid es un espacio seguro para los gays lo saben todos los gays. Pero que parte de la izquierda mediática y política son espacios seguros para manipular relatitos, ni les cuento.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 10 de septiembre de 2021. Disponible haciendo clic aquí)