Pese a que, en la práctica, sus políticas fueran centristas, moderadas y ortodoxas, el imaginario ha decidido que Aznar pasara a la historia como una derecha dura, extrema, ultra y toda esa retahíla de adjetivos con los que la izquierda tonta demuestra su ignorancia teórica. Es por el bigote, claro. Y por la mala leche y por esa antipatía endémica de la que hizo leyenda y coraza. En el sentido opuesto, la derecha dura de Gallardón pasó a la posteridad como moderada, progre y civilizada pese a ser, en realidad, más ideológica, conservadora y elitista. Más derecha.

«Manners maketh man», dicen en Oxford. Las formas hacen a la persona. Me enteré leyéndoselo a Cayetana Álvarez de Toledo, que es claro ejemplo de que cuando esas formas son duras, forman un adjetivo previo, un velo holístico que se antepone a todo. La realidad es que Cayetana representa la derecha más moderada y sensata que hay en el PP, solo que, como Aznar, no lo parece. Cayetana es puro centro, liberal, desideologización máxima en la práctica y, sin duda, más progresista que conservadora, como todos los liberales coherentes. No olvidemos que fue la maeyor defensora de un gran pacto con Sánchez, ofrecido en El País con dominguidad y portavocía.

Si Rajoy se hubiera cargado la mili, lo habrían echado a los leones de la derechita cobarde, pero lo hizo Aznar y a la medida se le presupone pureza de sangre. Y así todo. El votante de derechas confunde dureza en las formas con dureza de las medidas y prefiere medidas suaves expresadas por perfiles ‘echaospalante’ que medidas duras expresadas por perfiles moderados. La realidad es que todos ellos, sin excepción, son socialdemócratas. Ayuso también. Nunca la he oído cuestionar educación o sanidad públicas ni tampoco las pensiones. Y, desde luego, pocas cosas más keynesianas y expansivas que sus ayudas a la maternidad. El sistema entero es socialdemócrata y ella está con el sistema. Lo que la diferencia de otros es la capacidad de gestión, la racionalidad en el gasto y la contención de los recursos. Hay que entender de una vez que ser liberal no se concreta en bajar un poco los impuestos y que, de hecho, algunos sistemas liberales son, en la práctica, indistinguibles de una socialdemocracia bien gestionada. Ayuso ha demostrado que todo gira en torno a la economía menos la economía, que gira entorno a la libertad. Y eso es casi lo único que quiere el votante del PP siempre que se acompañe de un discurso agresivo con la izquierda y un quijotismo de fondo.

Es más de derechas la cosmovisión de Casado que la de Ayuso, pero la realidad es que es Ayuso quien atrae al votante de Vox, lo que demuestra que estos no son más de derechas, solo más ‘echaospalante’. Siempre había tenido claro que el liberalismo es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los liberales. Pero nunca dejará de sorprenderme que, al final, la derecha auténtica se iba a mostrar entusiasmada con una socialdemocracia cabal. Solo hace falta garantizar la dosis de mala leche.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 17 de octubre de 2021. Disponible haciendo clic aquí)