La estrategia de todos los partidos de España es la misma: destruir al PP. Incluido el propio PP, por supuesto, que cuando se pone a ello alcanza una maestría que el resto solo podrían llegar a soñar. De ahí la necesidad de esta convención. Las pulsiones internas de los últimos tiempos suponen un lastre electoral y una fábrica de autodestrucción, que es el estadio más elevado del ego. Nada menos rentable electoralmente que presentarse como un partido dividido. Por mucho que te cuenten lo contrario, solo eres lo que lo demás dicen que eres que, a su vez, es el resultado de lo que transmites voluntaria o involuntariamente. Y si quieres resolver problemas, no puedes aparecer como el que los crea. Así de sencillo. Y porque, en realidad, a los españoles todo esto les trae sin cuidado. Al final, la decisión se limita a ‘Sánchez sí’ o ‘Sánchez no’ y si es que no, que voten lo mismo que Vargas Llosa. Chupao.

Pasado el terremoto Ayuso, el epicentro se desplazaba a la Plaza de Toros de Valencia, que en la mitología pepera es algo así como el Machu Picchu. El reto se centraba en llenarla hasta la bandera. Y se logró. ‘Abarrotá’. Lleno de ‘no hay billetes’, diez mil personas con las que impresionar a las visitas, es decir, a las teles. Es decir, a usted. Y es que el llenazo es el moreno de las plazas, una muestra tangible de apoyo, de entusiasmo, de fuerza y, en definitiva, de todo aquello que no tendrían que intentar mostrar si lo tuviera de modo natural. De cualquier modo, es indudable que la movilización comienza a aumentar, que el partido necesita terminar la travesía en el desierto y cambiar el ‘momentum’, que es esa ola que llega cuando menos te lo esperas y que no sabes dónde te va a dejar con pinta de náufrago. Cuando la ola es contraria, da igual lo que hagas, simplemente no es tu momento y eres una botella sin mensaje flotando en la nada. La buena noticia es que, cuando la ola viene a favor, también da igual lo que hagas: el éxito es inevitable y te conviertes en Simbad, en Chanquete y en los hermanos Pinzones. Todo a la vez.

Y la ola ha cambiado. Los éxitos de Galicia y de Madrid, el fracaso de la moción de Murcia, el milagro de Andalucía y la posible mayoría absoluta de Mañueco en las elecciones que se esperan inminentes -ojo a este martes- hacen que el camino de baldosas amarillas tenga de repente reflejos azulados. Y que, quizá, en vez de a Oz, llegue a Moncloa. En cualquier caso, a pesar del subidón ‘pepero’, las elecciones en España no las gana el entusiasmo de los tuyos sino la ausencia de odio visceral por parte de la izquierda abstencionista. Es posible que Casado no entusiasme, pero tampoco lo hacía Rajoy y llevó al PP a sus mejores resultados. Lo importante es que la moderación y centralidad que representa Casado no moviliza a la contra. Y puede ser suficiente.

Luego la demagogia, los discursitos de autobombo, esa cadencia mitinera que se les pone a todos en cuanto sus talones tocan la tarima y que supongo les inoculan en la primera cuota. Fanjul demostrando que lo más parecido a la ruta del bakalao es la de Barakaldo, Almeida animando el cotarro, un señor abroncando a Feijóo por hablar en gallego y los tendidos cantando el pasodoble de Valencia, que es la tierra de las flores, de la luz y del amor. Y de nuevo ovación a Ayuso al entrar, esta vez ya sin reparos, con esa alegría que tienen los niños cuando papá y mamá se reconcilian después de haber retirado embajadores y somos de nuevo una familia. Recuerdos a Rita, gritos de ‘torero, torero’ a Kyriakos Mitsotakis y una intervención grabada del presidente austriaco, Sebastian Kurz en alemán y sin subtítulos. A veces creo que sobreestiman a sus militantes.

Y mientras yo pensaba en Morante con los Miuras, aparece Casado de azul marino y oro y recorre el callejón entero en un baño de multitudes, con García Egea como mozo de espadas. El callejón de la plaza no es el Callejón del Gato, pero sus espejos pueden ser igual de deformantes. Porque Casado tiene solvencia personal e intelectual. Estoy seguro de que también moral, hay cosas que se notan. Pero alguien le tiene que ayudar con los discursos. No puedes soltar un programa de gobierno de una hora bajo un sol de justicia en una convención a la que los asistentes han ido como modo de enchufarse a una emoción: la tuya. De cualquier modo, las intenciones quedaron claras: rearme ideológico para volver a lo de siempre: la constitución, las esencias, los principios fundacionales y un partido abierto, centrado y moderado. La apuesta es clara: todo lo que Casado ha oído en las mesas y paneles que han precedido a esta convención le han hecho llegar a la conclusión de que, tras Sánchez, vamos a una segunda transición en la que se va a tener que reconstruir España entera, no solo a nivel de políticas concretas sino también en el plano institucional. Si algo cambia es la estrategia: se refuerza el tono de orgullo español, de beligerancia con nacionalismos y populismos, pone una vela al liberalismo económico, se vuelve más agresivo con ‘lo simbólico’ y se modera en todo lo demás. Es una estrategia inteligente y ya le aviso que funciona. Es la de Ayuso.

(Esta crónica se publicó originalmente en ABC el 4 de octubre de 2021. Disponible haciendo clic aquí).