Que la idea de Sánchez de descentralizar España solo tiene como objetivo hacer daño a Ayuso es un hecho. Que muchos son capaces de ir contra sus propios intereses si con ello dañan a Sánchez, otro. A Sánchez, España le importa una mierda y Castilla ni les cuento. Pero resulta que Castilla es mi tierra y a mi sí que me importa. Y los intereses de mi tierra están por delante de los de Ayuso y los de Sánchez. Por supuesto que nos interesa la idea de descentralizar España y que Valladolid, Palencia o Segovia sean sede de instituciones, de tribunales, de ministerios o de comisiones, haga esto daño a Ayuso o a su porquero y beneficie a Sánchez o al suyo. Sus luchas me tienen sin cuidado, pueden matarse entre ellos si así lo desean, pero en Castilla nos desangramos, nos vaciamos literalmente y necesitamos este tipo de impulsos desde el estado. Necesitamos fijar población y eso solo lo consigue el trabajo estable, es decir, funcionarios con sus trienios, sus privilegios, sus hipotecas y su Renault Clio para el chaval. Y detrás va el resto, los comercios, los bares y las tortillas con patatas, huevos y cebollas del campo castellano. Y comienza el círculo virtuoso. No descubro nada nuevo.

No sé si me da más miedo que haya quien se niegue a esto solo por oponerse a Sánchez o que haya quien lo proponga solo por machacar a Ayuso. En cualquier caso, con su pan se lo coman. Ni somos catalanes capaces de morirnos de hambre solo por hacer daño al de enfrente, ni comunistas dispuestos a esclavizarnos a nosotros y al resto solo por mantener esa supuesta dignidad perturbada. No, no somos nada de eso. Me dan igual los motivos de Sánchez, de Ayuso, del PSC de Castilla y León o de Génova 13. Solo me importa que efectivamente se apueste por estas tierras, que lo necesitamos. Las instituciones son de todos, no son de Madrid. Es cierto que Madrid es la capital de España y que eso implica, fundamentalmente, ser sede de las principales instituciones del estado. Pero no es menos cierto que una nación no se basa en una bandera sino en la solidaridad de una comunidad política que no termina en Madrid. Cuando Ayuso dice que «hacer daño a Madrid es hacer daño a España» parece dar a entender que hacer daño a Valladolid es hacer daño, qué sé yo, a Bielorrusia. No somos españoles de segunda ni vamos a tragar con todo.  

Ver a parte de la España vacía rechazar políticas que les benefician solo por odio cainita es triste, pero ver cómo Sánchez pone de escudo a las regiones pobres movido por el mismo odio es igual de triste. Es cierto que utilizar a los pobres para mantenerse en el poder es la base del socialismo español, pero, en este caso, nos beneficia. Solo hay que exigir que ponga nombre y cifras a la idea y se comprometa de verdad, que luego viene lo mejor y veremos como todo era, en realidad, una mentira, un subterfugio para llevar a la mesa de golpistas unos cuantos chiringuitos nuevos. Y si viene aquí algo, de refilón, veremos que los leoneses no permiten que se invierta en Valladolid, los bercianos vetando León y los de Villafranca vetando Ponferrada. El chiringuito de turno terminará a los pies del Cebreiro para no ofender a nadie y, como eso es imposible, lo acabaremos dejando en Madrid, que es donde mejor está. Sánchez nos culpará a nosotros por haber elegido a Barrabás y Ayuso encantada de haber ganado la batalla en la que todos han ganado menos nosotros, claro. Así que, si Mahoma no va a la montaña, ya vamos nosotros. Y, a ser posible, cantando. Propongo aquello de ‘Séptimo Sello’: «todos los paletos dentro de Madrid». Viendo lo que hay en Sol y en Moncloa, me temo que pasaremos desapercibidos.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 14 de octubre de 2021. Disponible haciendo clic aquí).