Me gustas parlamentarismo, porque estás como ausente. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado. Y parece que un gobierno te cerrara la boca. Pedro Navaja, a lo Neruda, con sus veinte decretos de amor y una legislación desesperada. Sin dejar a los poetas, recuerdo a Krahe: «Nos ocupamos del mar cada uno según es nuestro talante: yo lo que tiene importancia. Ella todo lo importante». Pues esto de la izquierda es parecido, pero en vez del mar, se ocupan del mal. Y también tienen la tarea fragmentada: Yoli habla de lo serio y Podemos de bobadas. 

El eje del mal se ha dividido la tarea y es tan evidente que no entiendo que la derecha no lo vea. Basta de rimas. Al lío: Yolanda Díaz centra su discurso en la pasta, las prestaciones, las condiciones laborales y el sindicalismo y mira a parados y beneficiados por ERTEs. El ámbito clásico de la izquierda, vaya, un programa no ejecutable que tiene como único objeto que gobierne el PSOE, pero notando su aliento en la nuca, una presión constante que le obligue a fracasar en su política económica para que pueda seguir existiendo el comunismo. Entre tanta deriva postmoderna, tiene sentido que alguien ancle a la izquierda a algo no neurotizado. Y hay mercado: nada hay tan obsesionado con el dinero como quien no lo tiene. 

Defenestrado el ministro de Phoskitos y relegado a Andalucía, los comunistas ya no son tontos. Ese terreno es exclusivo de los podemitas, que se olvidan de las ‘circunstancias objetivas’ y acaparan la hegemonía del feminismo, que es ya el único ámbito de su actividad. Ahí están Ione e Irene, sin esconderse, como pollos sin cabeza a por su segmento. Solo hablan de feminismo, de un feminismo delirante y degradante, de un feminismo que criminaliza al hombre, pero feminismo al fin y al cabo. Hay mercado, sin duda. 

Repartido feminismo y economía. Errejón capitanea los problemas de los pijos urbanos, la jornada de cuatro días, los porros, los perros y ese ecologismo del centro de Madrid que cree que el campo es un zoo. Sumamos nacionalistas, golpistas, etarras y resto de identitarismos y ya los tenemos, un anillo para gobernarlos a todos juntos, rentabilizando cada uno su acción política, sabiendo cual es su terreno, atacando a diferentes segmentos, con diferentes discursos y ofreciendo finalmente todos los votos a Sauron, a Pedro, a ese Saturno que los devorará a todos y que modula su discurso hacia el centro, la moderación, Europa, el establishment y la socialdemocracia clásica que vino a destruir.

Me recuerda a Las Vegas. No es que mientras juegas, lo que estás bebiendo sea gratis, sino que todo va a la misma caja. Da igual que pagues un whisky o una ficha. Es una abstracción. Acaba, físicamente, en el mismo sitio, pero tú crees que te han invitado. La izquierda funciona igual. Todos trabajan para Pedro, que es el sol. Y, mientras tanto, la derecha, mira al dedo. O a la linde, ya saben.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 29 de octubre de 2021. Disponible haciendo clic aquí).