Lo último que me esperaba de alguien a quien le acaban de desear la muerte al estilo Mussolini es que marchara raudo sobre Roma. Nos ponen las columnas a huevo. Parece que hubiéramos puesto la historia en pausa y empezáramos a caminarla hacia atrás, como deshaciéndola, una cosa tipo Michael Jackson haciendo el ‘moonwalker’: primero lo amenazan, luego marcha sobre Roma y supongo que en breve veremos ‘squadristi’ con camisas negras por el Paseo de Zorrilla. Me temo que si seguimos escenificando este ‘Regreso al Futuro’ invertido es cuestión de tiempo que veamos nacer el ‘Soviet de las Delicias’ sobre una mesa con empanadas de atún y medias lunas de foie gras en una mañana de nieve, como en Petrogrado. O que se alce la revolución socialista en La Rondilla a la altura del final zizagueante de la calle Soto, que dicen que allí los bolcheviques se ven dobles. Aunque con la de sudamericanos que hay en esa zona, lo más probable es que si les hablas de comunismo te tiren al río. 

Que se lleve las manos a la cabeza Óscar Puente me parece normal, la gente se tiende a poner nerviosa cuando la amenazan de muerte. Pero a sus socios -esos que cantan ‘Bella Ciao’ entre ‘Cogí un ramo de flores’ y ‘Ay Carmela’- les debemos recordar que quien sí que se cargó a Mussolini pero de verdad fue un partisano, un comunista, el tal ‘Coronel Valerio’. Aunque, en realidad, la única posibilidad de que alguien vea a dos comunistas juntos en mi ciudad es si los pillan tomándose un Gin Tonic en el centro, nos ha jodido. Gracias a Dios, comunistas y fascistas ya se limitan a eso, al copeteo nostálgico, como todos. Y así, mientras unos alzan el brazo el 20N otros alzan el puño en cuanto pueden, como un médico proctólogo poniéndose los guantes antes de un tacto rectal, que tiene poco de poético pero bastante de profético. Gracias a Dios, ni unos ni otros se creen una sola palabra de lo que dicen. Digo más: en realidad no hay ni una sola persona en mi ciudad que quiera instaurar el comunismo o el fascismo en serio. Y por eso su acción política se limita a tomar cubatas y ya no a matar. Ah, el progreso.

Lo de la marcha sobre Roma lo digo por la delegación del Ayuntamiento de Valladolid en la capital italian, vendiendo piadosos nuestra Semana Santa. La audiencia con el Papa en El Vaticano, socialistas en la Chiesa Nuova, que parece el nombre de una canción de Battiato, Óscar Puente junto a Monseñor Blázquez en las salas del Instituto Cervantes, que les faltaba darse la mano y cantar ‘Alabaré, alabaré’, la embajada española viendo en el video al Cristo de la Luz y a la Virgen de las Angustias, Monseñor Aurelio García sonriendo cómplice, el otro haciendo llamadas a la trascendencia y elogiando la religiosidad y espiritualidad de nuestra tierra. Y todo para vender vino, claro, por lo que no puedo estar más de acuerdo. Pero uno no puede evitar pensar en que todo eso está muy bien porque, como todos sabemos, cuando los comunistas lleguen al poder en nuestro país y en nuestra ciudad se cargarán todo vínculo con la iglesia, el concordato, no sé qué del IBI, la educación concertada los privilegios del catolicismo y no darán un solo euro para las cofradías y hermandades de nuestra ciudad. Como se entere Saravia, ya veréis. En media hora deja la guerra cultural y se pone a cantar la Salve. 

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 25 de noviembre de 2021. Disponible haciendo clic aquí).