Hay un catalán que quiere estudiar y a estudiar empieza. Ese niño de Canet es nuestra Rosa Parks, nuestro Mandela, David frente a Goliat, Roma frente a los bárbaros, la Ilustración frente al fanatismo, la civilización frente a la oscuridad, el bien contra el mal y, es más, todo el bien frente a todo el mal, sin matices, a lo bestia, la ley frente a la jungla, la democracia frente al fascismo, los derechos frente al ‘bullying’ institucional, la buena gente contra la gente mala, que es la que no siente, la enferma de odio, la que se ahoga en su bilis y enferma cada día en el olor a pies y fuet de su propia tragedia.

Porque aquí no hay términos medios. El que apedree la casa de un niño representa el mal total, porque lo es, como Herodes frente al inocente. Y el que, además, apedree a un niño por el hecho de reivindicar sus derechos, sus derechos reconocidos, su libertad como bien jurídico y su dignidad, que es la nuestra y la que nos legaron nuestros ancestros, es el mal total y absoluto porque no va contra un niño solo sino contra todos los niños, los que fuimos hace no tanto y los que seremos no tardando. Los derechos te los da la Constitución, pero la dignidad no, la dignidad es otra cosa, algo que no tiene que reconocerte nadie más que tú mismo, tu visión del ser humano, tus lecturas, tu piedad, el recuerdo de tus abuelos cuando te contaban cuentos de hadas, tu manera de llorar, de luchar, la forma en la que te haces un ovillo cuando crees que ya no puedes más. Solo que sí que puedes, chaval. Claro que puedes. Los amantes del rugby sabemos que solo se puede reunir la fuerza necesaria para placar a una bestia dos veces más grande que tú cuando eres consciente de que detrás tienes a catorce tíos dispuestos a dar hasta su última gota de sangre por defenderte. Y esto es lo mismo: detrás de ti estamos todos, detrás de tu heroísmo hay un pueblo entero acudiendo como bisontes a tu rescate en la melé. No estás solo ni lo vas a estar nunca.

Y no hay posible equidistancia. O estás con la ley, que es la voluntad expresada por el pueblo, o estás con los que se quieren poner por encima de ella, es decir, por encima del pueblo mismo, es decir, esos fascistas de barretina y estelada, los mismos que después se pondrán camisetas de apoyo a no sé qué ONG infantil mientras en su pueblo miran para otro lado cuando se maltrata a un niño. Lo quiero dejar claro: o estás con el niño o estás con las piedras, o estás con los búfalos de la resistencia democrática o estás con las hienas carroñeras de debajo de la melé. No hay otro sitio. Y nunca lo ha habido. 

Vamos a ganar porque somos los buenos, los que unen, los que integran. No te rindas, niño. Sé que hoy parece duro, pero esos cafres que hoy te pitan en la puerta de casa te aplaudirán no tardando, en cuanto reflexionen y se den cuenta de que, en realidad, solo pitan a ellos mismos. ¡Catalancito que vienes al mundo, te guarde Dios! Una de las dos Cataluñas ha de helarte el corazón. Y no es la tuya.

(Esta columna se publicó en ABC el 10 de diciembre de 2021. Disponible haciendo clic aquí).