«Castellanos, leoneses: desde el Partido Popular tenemos la seguridad de que el PSOE va a presentar una segunda moción de censura en marzo que es cuando, por plazo, pueden hacerlo. Y tenemos la sospecha fundada de que en esta ocasión pueden sacarla adelante porque, hoy por hoy, y pese a la buena voluntad de Igea y de Arrimadas, no tenemos la seguridad de que puedan garantizar que todos sus procuradores voten en contra de esa moción. Ciudadanos es un partido en descomposición y, como ya hemos visto en la anterior moción, hay posibilidades de transfuguismo ciertas. Este hecho deja abierta una posibilidad muy grande para que el PSOE gobierne la Comunidad junto a Podemos, leonesistas y tránsfugas en un momento clave en el que necesitamos experiencia al frente de Sanidad y seguir adelante con todos los proyectos con fondos europeos que tenemos avanzados y cuyo reseteo sería perder una oportunidad histórica que no podemos permitirnos. Ante esta situación, y a pesar de ser conscientes de que el momento no es el mejor, creemos que no tenemos más alternativa que convocar elecciones, dar la voz al pueblo y que las Cortes resultantes formen un nuevo gobierno que nos de la estabilidad que Castilla y León necesita y que lamentablemente ya no tenemos. Damos las gracias a nuestros socios de gobierno y, en mi caso, muy especialmente al vicepresidente Francisco Igea y a la Consejera de Sanidad Verónica Casado, a quienes acabo de comunicar mi decisión y a los que debo un eterno agradecimiento personal por haberse puesto al frente de una pandemia terrible en momentos muy duros, con un coste personal muy grande y con una honestidad hacia este gobierno y hacia este presidente que jamás podré olvidar. Créanme que estas cosas unen y lo que hemos vivido juntos ha sido algo que no es este el momento de relatar, pero que se pueden imaginar. Ha habido momentos críticos que hemos superado juntos pensando siempre en lo mejor para la Comunidad. Y no sabemos cuántas vidas se han salvado por su intervención directa y su prestigio como médicos. Por ello, les deseo lo mejor en lo personal y aquí tendrán siempre un amigo agradecido y ponemos en marcha los trámites para darles la medalla de oro de la Comunidad. En lo estrictamente político intentaremos que los castellanos y leoneses opten por un gobierno fuerte del PP y, por supuesto, estar a la altura de su confianza. Haremos una campaña muy discreta por el momento que vivimos e intentaremos ponernos a trabajar cuanto antes. Gracias a todos».

Si Alfonso Fernández Mañueco hubiera dicho esto, tendría la mayoría absoluta a tiro, asumiría los votos de Ciudadanos -un partido muerto-, reforzaría los suyos, se mostraría como un líder honesto, creíble y generoso que defiende la gestión de los suyos y dejaría entrever una talla personal a la altura del puesto que ocupa. En lugar de eso decidió acusar de desleales y de mentirosos a los que hasta ayer han sido sus socios, a quienes han tirado del carro de una pandemia y a quienes se han comido un marrón histórico junto a él. Lo hace con unas formas cuestionables, con ataques personales que sobran e intentando armar una teoría de la conspiración que no está siendo capaz de probar y que, en mi opinión, es discutible. No pongo en duda su palabra, pero tampoco la de Igea. Mi visión es que es mucho más probable que Mañueco estuviera buscando una excusa para no aprobar unos presupuestos que, pese a todo, iban a salir adelante. Es decir, estaba buscando que no se aprobaran los propios presupuestos de su gobierno. Esa era la coartada. Nunca pensó que fueran a salir adelante, pero iban a salir, a pesar de su auto boicot. Eso destrozaba el plan y le obligaba a buscar otra excusa. Y el tiempo se acaba y el desfile de miembros de su partido por los banquillos por casos de corrupción es inminente. Y así no se puede ir a elecciones.

A día de hoy no sabemos si hay traición o construcción de un relato de traición para justificar una estrategia electoral. En cualquier caso, es Mañueco quien debe probarlo. De momento, su relato no está cuajando ni entre los suyos y le va a costar convencer al electorado de que el desleal no es él. Hay que insistir en que la decisión de adelantar es correcta, legítima y acertada, que la moción del PSOE contra el PP y Ciudadanos era cierta y que además se hace en el momento adecuado para sus intereses electorales. Pero las formas son muy cuestionables, la excusa dudosa y, además, sembrar la duda en lo personal no le hace ningún bien a sus intereses.

Salvo sorpresa mayúscula, ganará de sobra. Pero nadie nos quitará de la cabeza que ha perdido una oportunidad mayúscula para mostrarse como un verdadero líder y no sólo como el mal menor. Si después de esto, Arrimadas no reacciona, seguirá defendiendo con uñas y dientes la irrelevancia que se ha ganado a pulso. Es la guerra en Génova y no lo está viendo.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 21 de diciembre de 2021. Disponible haciendo clic aquí).