La España autonómica me parece bien, muy bien, siempre he sido un gran partidario de la Constitución. Las nuevas candidaturas provinciales que están surgiendo también me parecen fantásticas, tienen todo el sentido conceptual y estratégico, no solo como manera de plantar cara a catalanes y vascos sino como modo de plantarse frente a leonesistas y resto de periferias que odian a Valladolid. Por lo tanto, una candidatura provincial de Valladolid no puede sino contar con todo mi cariño y apoyo. Pero me parece poco ambicioso, una cosa moderadita, timorata, como insuficiente. Yo creo que hay que tomárselo en serio, ir más allá y crear una candidatura que luche por Valladolid ciudad frente a la superioridad moral de los pueblos, sobre todo para hacernos valer en la Diputación. 

Si 4 de cada 5 vallisoletanos vivimos dentro del alfoz, entiendo que debemos luchar por ese presupuesto, que nos corresponde ‘in natura’. Y ahora que lo pienso, también se me queda corto: mi voto iría para una candidatura que defendiera a Valladolid-centro, frente a los barrios, que nos roban las inversiones y que contaminan la pulcritud de nuestro acento con barbarismos y vulgarismos de extrarradio. 

Qué narices, me parece que se puede ir más allá. Todo mi apoyo al partido que se centre en defender en Madrid al 47004, que es la única abstracción administrativa en la creo, la única por la que lucharía, por la que me armaría hasta los dientes y por la que daría la vida. Este código postal es mi nación y creo que ya es hora que nos mostremos como sujeto de soberanía. Exigimos una inversión que ponga fin a la deuda histórica que se ha contraído con nosotros y que defienda, proteja y promueva nuestra identidad. Para ello es imprescindible otro huso horario, que cuando salgamos de Plaza España el móvil nos diera la bienvenida a otra realidad y nos saltara el aviso de roaming. Yo quiero enseñar el pasaporte cada vez que salga de la Plaza Zorrilla y poner unas puertas con unos tornos, como en el centro de Londres. Y el que quiera entrar, que pague. No descartamos moneda propia, una herejía castiza y que San Andrés sea Catedral. Lo de otro idioma ya lo tenemos y queremos el leísmo como lengua vehicular.

Una identidad que nazca a este lado del Campo Grande, en la Acera de Recoletos, siga por Miguel Íscar hasta Mantería y por Cruz Verde sin llegar a Circular, no queremos saber nada de esa gente. Luego, de vuelta, por la calle de la Estación de nuevo hasta la Plaza de Colón. Esos son los muros de la patria mía, si un día fuertes, ya desmoronados. Nos quedamos con Gamazo, San Andrés, El Colmao, Maro Valles, el Campillo y el Figón de Recoletos. Nos quedamos con la Casa de Delibes, con los sindicatos, la patronal, con el túnel de Labradores, que será nuestra Puerta de Brandenburgo y donde pondremos garitas con soldados. Y aduanas. 

Defenderemos nuestros derechos en Madrid. Según mis cuentas podremos mandar un diputado y, por lo tanto, poner y quitar gobiernos. Exigimos respeto a nuestra identidad y a nuestros símbolos. Por supuesto, no mandaremos diputados a Bruselas. Seguimos en guerra con Flandes y no reconocemos a las provincias rebeldes. Aunque empieza a haber dentro de nuestro movimiento facciones internas enfrentadas. Es evidente que los del 47004-oeste no tenemos nada que ver con los del este. Eso son unos desleales y no se puede ir con ellos a ningún sitio. No entienden el concepto de unidad.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 23 de diciembre de 2021. Disponible haciendo clic aquí)