El PP de Castilla y León es como la Agrupación Socialista de Triana, pero sin palmitas sordas. Y sin Esperanza ni Emilio Muñoz ni ese Bar Santa Ana, que es la sacristía oficiosa de la ‘catedral’ trianera. Los afiliados del PP de toda España deberían peregrinar a Valladolid una vez en la vida, como los musulmanes van a La Meca o los morantistas vamos a La Puebla del Río por San Sebastián. Y que visiten la sede de María de Molina o de Alcalleres como quien visita El Escorial, un espacio mitológico donde se guardan las esencias del aznarismo como Sevilla guarda las del felipismo. Y ya que estamos que se hagan una foto en el lugar donde se fundó

 FAES, que se lleven una acuarela del ‘Clan de Valladolid’ o compren una reliquia de Miguel Ángel Rodríguez, qué se yo. Estos días uno pasea por allí y percibe un triunfalismo excesivo, prueba inequívoca de que están nerviosos, porque si estuvieran seguros, guardarían prudencia. La sobreactuación es la antesala del ridículo y no olviden que, en las últimas elecciones -y siguiendo con el símil-, Mañueco ‘trianeó’. Ya saben: la izquierda por delante. Y es que la realidad es que Tudanca ganó las elecciones, aunque no pudiera gobernar. El mismo Tudanca al que bautizo hoy como ‘El Tres Caídas’, porque ya perdió dos veces y, si nada lo remedia, se irá directo esta Cuaresma a buscar consuelo en la Capilla de los Marineros.

Percibo, decía, un optimismo desmesurado en el entorno del PP. La opinión canónica es que Mañueco rozará la mayoría absoluta y podrá gobernar en solitario, sin necesitar a Vox. Ese escenario es factible, pero no lo es menos un PP en el entorno de los 33 cuando la mayoría absoluta está en 41, es decir, dependiendo de un Vox en el entorno de los 8 para formar gobierno. Si eso sucede, la tenemos liada. No descarto que Sánchez esté soñando con ese escenario, que haría real lo que hasta ahora es solo una conjetura, es decir, que el PP se echará en brazos de Vox si lo necesita. Esto dejaría al PSOE con la campaña hecha en Andalucía y Valencia y frustraría los intentos de Casado por hacernos creer que no lo hará también en Madrid. Sobre todo: se caería por completo su estrategia y anunciaría rebelión de los barones en un momento en el que su liderazgo solo está sostenido por ellos.

No son unas elecciones autonómicas más. Castilla y León marcará el destino de Casado y de su estrategia. Es decir, está en juego el destino a corto plazo del Partido Popular. Todo depende de un puñado de votos y, a pie de calle, las sensaciones no son en absoluto claras. Veo muchos pajaritos en las cabezas, pero la desmovilización es general y puede pasar de todo. Incluso un PP en el entorno de los 30 que ni si quiera sume con Vox y necesite a un Igea que, si lograra sacar su plaza de procurador por Valladolid, podría consumar su venganza exigiendo la cabeza de Mañueco para seguir negociando. Que no les engañen: no todo el pescado está vendido. Y si la cosa fuera de pajaritos, en San Jacinto, Casa Ruperto.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 10 de enero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).