Tras aquel ‘sectarismo de oro’ del concejal de Vox votando en el pleno del Ayuntamiento de Valladolid en contra de dar la medalla de oro de la ciudad a Lola Herrera porque una vez dijo no sé qué –creo que ni ellos mismos han llegado a entender ni una palabra de su postura– llega el ‘sectarismo de plata’, o, quizá el de oro ‘ex aequo’, la otra cara de la moneda o, mejor dicho, la cara y la cruz de una misma tragedia: los concejales de ‘La Habana toma la palabra’ votando en contra de hacer hijo predilecto de la ciudad al arzobispo de la ciudad, monseñor Ricardo Blázquez, porque «sería injusto destacarlo por encima de los demás», ya que hay muchas personas trabajando en los movimientos cristianos de base y a esos no se les hace hijos predilectos.

Bien, la excusa es una perogrullada y si hubieran hecho hijos predilectos a todos los católicos de la ciudad para no destacar a uno en concreto, habrían votado igualmente en contra por algún otro motivo peregrino como, por ejemplo, la postura del clero en cuanto a los toros por la actitud de San Pedro Regalado o la apropiación del morado en las estolas de Cuaresma. Como pueden comprender, a mi me da exactamente igual, pueden votar lo que les dé la gana y, además, están perfectamente legitimados para ello, pero agradeceríamos que, al menos, dijeran la verdad, es decir, que no se la dan porque no les da la gana y porque a ver quién se lo explica luego a los camaradas en la Campa de Villalar y a las eminencias de las pancartas de ‘Aborto es sagrado’. Y ya está, como cuando se opusieron al nombramiento de José Vicente de los Mozos porque el enemigo es el patrón y punto, sin más explicaciones.

«No sé dónde quedan las críticas a Almeida en Madrid por aceptar los votos de unos rojazos o eso de que votar con la izquierda es arrodillarse ante ella»

Los extremos son así y se regodean en el fango y en los símbolos. Con un matiz. Vox es oposición, no tiene responsabilidad institucional y su concejal no es representante de todos los vallisoletanos, sino de sus votantes. Pero los concejales de ‘La Habana toma la palabra’ nos representan a todos y, por lo tanto, se les exige mucho más. Al igual que con lo de Lola Herrera, se ve que unos y otros no dejan pasar una oportunidad para enseñar la patita de su sectarismo y tirar carnaza a las pirañas. Como dije en la otra ocasión, votar a favor de dar la medalla a quien no te gusta es la mejor lección que se puede dar a los de enfrente, para que aprendan que no pasa nada por pensar diferente, que hay que respetar a quien cree en otra cosa y que la libertad religiosa es un derecho fundamental de todos, pienses tú lo que pienses en tu esfera privada. Pero me temo que para enseñarles eso, primero deberían creérselo, algo que, evidentemente tampoco sucede.

Mención aparte que el PSOE, tras esto y lo del Papa, parezcan catequistas cantado ‘Alabaré alabaré’ o que haya pasado desapercibido que Vox ha votado con un socialista, con un rojo peligroso, que ha apoyado una iniciativa de Puente y que, según su argumentario, forman ya parte del soviet. No sé dónde quedan las críticas a Almeida en Madrid por aceptar los votos de unos rojazos o eso de que votar con la izquierda es arrodillarse ante ella. Tras verlos votar con Puente, reconozco que me siento defraudado. Aunque Blázquez sea obispo, si la propuesta es del PSOE, no esperaba menos que una moción de Vox para declararlo persona non grata.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 13 de enero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).