Son las sensaciones, un concepto tan reconocible como inconsistente. Las mismas que te hacen predecir que el tipo va a fallar el penalti. Y va y lo falla, pero no sabrías explicar por qué lo adivinaste, quizá fue la manera de poner el balón o de fingir seguridad mientras en realidad rezaba. Las mismas que te hacen creer que esa mujer es diferente, que hay algo especial en su modo de no mirarte. Y luego no pasa nada, claro, pero la sensación…, ¡Ah, la sensación! Esa sí que pasa y lo hace como un tren de mercancías soltando vapores, pitidos y perdiéndose por el final de la noche.

Esas sensaciones me dicen que estamos viviendo los antecedentes de algo, que no sé qué es, pero que viene avisando como si fuéramos un dardo volando hacia el centro de una diana que, además, nos hace señas. Estamos hartos de leerlo en los libros de historia: inflación descontrolada, populismos al alza, escenario prebélico, ausencia de liderazgos, Rusia y China en el ajo, desabastecimiento, crisis financiera en ciernes. Siempre es lo mismo, las mismas causas externas y la misma interna, una enfermedad crónica que nos frena como un hijo yonqui: el nacionalismo catalán como un palo en las ruedas del progreso. 

Cambian los efectos, pero no las causas, que son las mismas desde Roma, porque los populismos no son nuevos. Y la democracia se encuentra en el pico de su degeneración. A Biden le relevará un trumpista de cincuenta años, marine y licenciado en Yale. A Putin le relevará Putin. Y en España…veremos. Todos sabemos que Podemos ha de romper con Sánchez y Sánchez con Podemos para ir a elecciones diferenciados. Pero necesitan un motivo, un relato creíble, no una mañuecada. Ambos lo saben, pero ambos saben que el otro lo sabe. Por lo que ya solo se trata de anticiparse. 

Y con el posible conflicto en Ucrania, Podemos tiene una oportunidad donde antes no tenía nada. Lo aprovecharán para desmarcarse del PSOE, pero también de Yolanda Díaz, cuyo liderazgo va a quedar muy tocado por su ‘espantá’ en Castilla y León y a la que empujarán al marco mental de aliada socialista, haciendo ver que son lo mismo, que es una extensión, un caballo de Troya. Así, Podemos serán los pacifistas, paz y amor, mucha marihuana y poco chuletón y mandarán a Yolanda y al PSOE al bando de los fascistas terroristas internacionales que bajo el auspicio de la OTAN salen a salvar el capitalismo imperialista, las armas contra los pueblos, y tal. Es decir, sin diferencias sustanciales con PP y VOX. Sumen que los socios de Sánchez no aprueban la reforma laboral, que la mesa de partidos no se reunirá hasta que acaben las elecciones en estas autonomías ‘españolazas’, que la sentencia del castellano en Cataluña ha de cumplirse ya y que hasta puede que vuelva Puigdemont para rematar con algo de folklore. Esto se desmorona y es el momento de salir del gobierno antes de que los echen para liderar en la calle un ‘No a la guerra’. Se llama cisne negro y acaba en elecciones. Son sensaciones.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 24 de enero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).