Cuando Mañueco votó junto al PSOE la PNL sanitaria que Tudanca presentó contra su propio gobierno, eligió sanchismo frente a futuro. Eso no fue desleal, eso no fue una traición, eso es lo normal. Lo normal entre faquires, fundamentalmente. Y lo estándar en el club de bipolares. Vamos, que resulta que Mañueco estaba a favor de la propuesta sanitaria del PSOE, hasta el punto que la votó. E incluso le ofreció un pacto. Se rindió, siguiendo su tesis, al sanchismo. Por lo tanto, cuando le pregunten si ‘Sanchismo o futuro’, supongo que responderá lo mismo que en aquella viñeta de Ramón en ‘Hermano Lobo’: «Da igual, también somos nosotros». Eligió también sanchismo cuando se pasó toda pandemia en contra de las medidas de Isabel Díaz Ayuso, de modo vehemente, incluso, liderando junto al PSOE y otros barones del PP la oposición feroz a las políticas de Madrid. La tiraron a los pies de los leones y la dejaron sola. Ahora la abraza y torna su ‘Comunismo o libertad’ en ese ‘Sanchismo o futuro’, que bien podría ser ‘sanchismo o PP’, es decir, ‘sanchismo o pasado’, abriendo así un agujero en el espacio-tiempo en el que pasado y futuro confluyen en él. O puede que lo que quiera decir sea algo más ambicioso: ‘Libertad o Tudanca’. O ‘Vacas o rojos’. Aunque, ya puestos, le propongo que vaya al grano y diga lo que realmente quiere decir: ‘La democracia soy yo’.

Luego Garzón le dio hecho el comienzo de la campaña con las macrogranjas. A través del malagueño Sánchez nos quiere decir que los sueños se pueden hacer realidad, como el Real Madrid con Lucas Vázquez. Y que si él puede ser ministro, el resto podemos llegar a donde queramos. Así, da igual que el 80% de la población de Castilla y León resida en zonas urbanas. Da igual que Valladolid sea uno de los ‘hubs’ más importantes de la industria del automóvil y de la tecnología del coche eléctrico a nivel europeo. Nada, nosotros a hablar de lo que quiere Garzón porque polariza y conviene. Da igual que en el punto 985 de su programa, el PP afirme que «seguiremos orientando las actuaciones de la Administración en consonancia con los objetivos previstos por la ONU en la Agenda 2030» y que uno de los objetivos de esa agenda sea promover la ganadería extensiva, es decir, lo contrario a una macrogranja. Da igual, porque estas elecciones no se plantean para la gente de dentro sino para la gente de fuera, somos algo instrumental, un peón en el tablero global que se va a sacrificar para proteger al rey. Y a partir del 14 de febrero adiós, Mañueco presidente, a quitarse todos el olor a oveja del tweed y ni una sola idea sobre los problemas reales de la Comunidad que son, en este orden, la financiación, la despoblación y las infraestructuras. La Constitución garantiza unos derechos que solo pueden pasar a la realidad con dinero. Y necesitamos saber de dónde van a sacarlo unos y otros, de dónde van a salir los médicos, si se los van a inventar, cuánto les van a pagar para atraerlos a estos pueblos, cómo vamos a mejorar las carreteras, el AVE, la conexión a internet, los hospitales, los colegios, las Universidades. Y, por último, cómo vamos a fijar población. Les doy una pista: solo se puede hacer apostando por Valladolid, que no es el problema de la Comunidad sino su única solución. Pero eso solo se atreven a decirlo dos: Carnero y Puente. El resto a callar. Por eso propongo otro lema más real: «Lo que sea menos Valladolid». O directamente un lacónico y estoico «Susto o muerte». Elijan lo que quieran. Pero elijan con cuidado.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla como ‘Diario de Campaña’, con el título de ‘Susto o muerte’, el 30 de enero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).