Si un extraño se acercara a esta tierra para descifrar el secreto del éxito del PP, no tardaría mucho en encontrarlo: es el PSOE. Lo que los populares tienen enfrente no es a Churchill sino al PSC de Castilla y León, que es un concepto ambiguo, vago y blando como un lunes moscoso. Presentarse contra el PSC de Castilla y León es jugar con doce, tener treinta y una de mano, nacer con la cara de Paul Newman. Y así es prácticamente imposible no ganar. Como decía Lichis, «si la suerte es caprichosa, el amor es ciego. Y con el tuyo me ha ‘tocao’ el cupón». Pues al PP no es que le haya tocado el cupón, es que está abonado al gordo cada cuatro años, como Fabra. Pero con independencia de lo que haga y a quien presente. Creo que ganarían aunque presentaran a Bárcenas, a Don Pimpón, al Olentzero. Y lo peor es que a los del PSC de Castilla y León se les ve encantados con la situación, como cuando Laporta da la enhorabuena a sus chicos por haber perdido contra el Real Madrid, pero por poco. A veces parece que si ganaran les haríamos una faena, les tocaría ponerse a gobernar. Con lo a gusto que están ellos.

Para dirigir el PSC de Castilla y León solo hay un requisito: haber nacido fuera de Valladolid. Sirve Burgos, Saldaña, León, Palencia, Madrid e incluso Santiago de Compostela. Porque el objetivo fundamental es enarbolar cualquier reivindicación contra Valladolid, por chorra que sea, como la autonomía leonesa. El otro día clamaban contra las granjas en intensivo. ¡En plena campaña! A veces creo que de verdad quieren perder. Ayer mismo Zapatero y Tudanca explicaban que el plan era llevarse consejerías fuera de Valladolid. Parece un plan sin fisuras para que te voten en Valladolid, desde luego. Pero ese es el eje de la acción y no hay otro: el rencor, el victimismo y un aire pseudo funcionarial que impregne todo de un ambiente de chorizo frito, dulzaina y pin contra el Toro de la Vega.

Uno mira las encuestas y se pregunta cómo puede tener un solo voto en esta región un partido que antepone los intereses de los catalanes a los de los castellanos y leoneses. Porque eso es exactamente lo que hacen, por eso es el PSC. Están en su derecho, por supuesto, pero nosotros estamos en el nuestro de recordárselo cada vez que haya elecciones: que os voten los catalanes. Cuando Sánchez se sienta en una mesa de partidos al margen de las instituciones con unos delincuentes tiene que saber que tiene un precio aquí. Cuando Sánchez indulta a quienes han dado un golpe de estado, es decir, a unos fascistas que se han puesto por encima de las leyes, es decir, por encima del pueblo del que emanan, tiene que saber que tiene un precio aquí. Cuando se asocia con partidos que creen que sus niños y sus viejos han de tener más derechos y mejor financiación que los nuestros y los suyos se callan como ganado lanar, tienen que saber que tiene un precio aquí. Cuando se denigra al castellano, tienen que saber que tiene un precio aquí. Cuando se hace socios a unos terroristas que si no nos matan a usted, a mí y a ellos es solo porque, en este momento, no les interesa, tienen que saber que tiene un precio aquí. Y como los carguitos socialistas de Castilla y León callan, luego otorgan, y no osan levantar la voz para poder mantener su estatus, aún a costa de traicionar a su gente, tienen que saber que todo eso tiene un precio aquí. Ese precio es la derrota para sus bases… pero un escañito para ellos. Y ya está, fin de la columna, no les molesto más. Pueden ustedes seguir repartiendo claveles.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla como ‘Diario de Campaña’ el 31 de enero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).