A veces me pregunto quién y cómo decide a qué políticos de su partido va a invitar para que echen una mano en los mítines. Me imagino un ‘book’ polvoriento, como salido de la biblioteca de Harry Potter. Y en cada página un candidato con una foto de su cara y una presentación tipo ‘First Dates’. El catálogo está dividido en varios apartados: ‘Viejas glorias y juguetes rotos’, ‘Gente con pinta de conocer Bruselas’, ‘Fanáticos, sectarios, los más nuestros’ y la más importante: ‘Monologuistas, graciosetes e imitadores de Alfonso Guerra’.

Me imagino al que decide sentado en una butaca con batín, monóculo y un gato en el regazo, pasando caras, pensando en lo mejor para el espectáculo. «A ver, Solana, no, María Jesús Montero, ni de coña, Cristina Narbona no sabemos quien es, a Leguina ni locos, que ahora hasta los nuestros votan a Ayuso. Iceta e Illa que ni se les ocurra pasar de Zaragoza, Ábalos no, que ahora es facha, Carmen Calvo…venga, llama a Carmen, que es lo suficientemente sectaria como para decir que el PP va a pactar con los fascistas y nadie le va a recordar que eso es imposible porque a los fascistas ya los ha indultado ella y además los ha hecho socios preferentes. Además, ahora tiene tiempo y me gusta mucho su presentación: ‘Cordobesa, como el flamenquín, como el salmorejo. Defensora de los derechos de los animales y de las mujeres que votan a la izquierda, bonita. Feminista, pero poco’. Eso sí, me la lleváis a Medina del Campo, que no se la vea mucho, que ya se sabe que los transexuales no la tragan y nos mete en un lío cisgénero que flipamos. No, cisgénero no tiene nada que ver con Tezanos, pedazo de burro». 

Lo mismo en el PP, claro. «A ver, a quien podemos llamar, déjame ver. Cañete no, que come mucho, Tejerina tampoco que a lo mejor se dan cuenta que es mejor que Mañueco y perdemos hasta a los nuestros, Aguirre de ninguna manera, muy problemática y además aquí el partido no va de liberal, sino de socialdemócrata, Mayor Oreja tampoco, demasiado cañero, a ver si va a pedir el voto a Vox, Cayetana olvídate, me recuerda a un cuadro de El Greco y fijo que la lía. Montoro ni loco, mira, mira cómo se me han puesto los pelos de la nuca de acordarme, como escarpias, oiga. Aznar…venga, vale, llamemos a Aznar, que siempre atrae a los focos y puede hacer alguna declaración castiza, que si Quintanilla, que si el dominó, que si lo feliz que fue Ana aquí. Contratado».

Y así. Quince días, nueve provincias, varios actos al día y un cuadrante más difícil de organizar que el relevo de la Macarena. Y dos debates, que en mi lista de prioridades están en el punto 43, justo después de guardar la ropa de verano, que ya casi espero y engancho, que está abril a la vuelta de la esquina. Escribo estas palabras antes de ver el primer debate. No deja de ser curioso que sea un doctor el que entre vía plasma, como una transfusión. Los equipos se habrán estudiado el Nixon vs. Kennedy, el Felipe vs. Aznar, el Rajoy vs. Sánchez y hasta el Sánchez vs. Sánchez, ese debate constante que libra el presidente con la hemeroteca y con la decencia. Pero lo que de verdad querría yo es seguirlo con una botella de ‘Jagger’. Cada vez que Tudanca diga ‘ultraderecha’, chupito. Y cada vez que Mañueco diga, ‘sanchismo’, chupito doble. Y si Igea no conecta bien, que entre vía güija, con Xabier Fortes como médium y la música de ‘Poltergeist’. O mejor con Rigoberta Bandini. Y que enseñen todos una teta. Total, si RTVE va a hacer lo que le dé la gana, al menos que nos den algo de espectáculo.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla como ‘Diario de Campaña’ el 1 de febrero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).