Ayuso puso la guinda al campañón del PP afirmando que prefiere pactar con Vox, incluso aunque no lo necesitara, que con el PSOE. Supongo que Mañueco se estará preguntando el por qué de unas declaraciones tan inoportunas que ponen en entredicho no solo toda su estrategia –en caso de existir–, sino también la de Génova. Volantazo en mitad de campaña, se reabre en todas las tertulias y entrevistas la pregunta de si el PP pactará con Vox y además se hace justo antes del debate, para que le puedan machacar a gusto y se ponga el foco ahí, exactamente donde le interesa a la izquierda. Unos genios. Está a tiempo de aclararlo y tiene una oportunidad de oro. Porque si Mañueco luchaba fundamentalmente contra la desmovilización de los suyos, hasta el punto que llegó a insinuar que repetiría elecciones antes de pactar con Vox, con las declaraciones de Ayuso se le dan más motivos aún al votante moderado de centro-derecha para irse definitivamente a la abstención. Supongo que en Andalucía estarán tomando nota de cómo no hacer una campaña. Hay ayudas que matan.

Al contrario que a Ayuso, a mí me encantaría vivir en un país en el que los grandes asuntos de estado –sanidad, educación, pensiones, modelo territorial, política internacional, seguridad– se consensuaran entre los partidos que representan a más del 50% de los españoles. Pero la realidad es que eso no es posible, y no por culpa de Ayuso, sino porque el PSOE ya ha elegido socios y ha elegido Frankenstein. Yo no estaría tranquilo con Vox en el gobierno de mi país, pero, desde luego no estaría más preocupado que hoy con Podemos. Y lo que tengo claro es que el PP está en su derecho de pactar con quien quiera, mientras no mienta. Ayer escuchaba a Tudanca decir que la ‘derecha democrática’ no puede pactar con Vox. Y eso lo dice el candidato de un partido que pacta con comunistas, con etarras, con la ultraderecha catalana y hasta con quienes han dado un golpe de estado. Es hasta insultante.

Digo más: si a pesar de todo, el PP gobierna con Vox solo estaría aplicando de modo riguroso las reglas de juego del sanchismo, moviéndose en el tablero de un gobierno que ha roto todos los consensos de 78 y que se encuentra en guerra contra el resto de poderes del estado, incluida su jefatura. El PP solo estaría adaptándose a un país en el que el PSOE pacta con los que se encuentran en los márgenes de la democracia o, directamente, en sus alcantarillas. Si el PSOE fuera un partido socialdemócrata normal, a la europea, ese centro-izquierda ortodoxo que un día fue, jamás habría metido en el gobierno de España a ministros comunistas ni dejado la gobernabilidad del país en manos de golpistas y de etarras. Y entonces sí que estaría en condiciones de criticar lo que quisiera. Pero este PSOE de Sánchez no puede dar lecciones a nadie y un pacto PP-Vox no sería más que su gran obra. Si realmente no quieren que el PP pacte con Vox, lo tienen muy sencillo: que voten a favor de la investidura de Mañueco como el PP votó la de Patxi López, aunque a Ayuso no le guste. Pero Ayuso no se presenta. 

Y si Tudanca se siente a disgusto con un pacto con Vox, lo que debe hacer es un examen de conciencia y acto seguido romper el carnet del PSOE. Un pacto con Vox lo puedo cuestionar yo, pero el PSOE no está legitimado moralmente para ello, el PSOE no puede dar lecciones de democracia mientras mantenga pactos con gente muchísimo peor que aquellos a los que critican. Habría que recordarles que, al contario que sus socios, Vox no ha matado a nadie.

(Esta columna se publicó originalmente en el ‘Diario de Campaña’ de El Norte de Castilla el 9 de febrero de 2022. Disponible haciendo clic aquí).