Ignacio Peyró ficha por ‘El País’. El último conservador de las letras españolas ficha por el gran diario de la izquierda o, mejor dicho, por el gran diario para la izquierda, que no es exactamente lo mismo. ‘El País’ es capitalismo puro, poder puro, elite pura y pura incumbencia cultural. ‘El País’ es la derecha haciendo negocio con la izquierda. No es lo mismo un periódico de izquierdas que un periódico para la izquierda y de ahí nace la audacia y la brillantez de esta decisión por parte de Ignacio. Peyró hablará a la izquierda sin ser izquierda. Y la izquierda le escuchará y algunos se replantearán sus sesgos y sus dogmas. Puede que abra dudas donde antes solo había certezas. Y, como consecuencia, tenderá un puente y conectará las orillas cuando más falta hace, es decir, ahora que las dos Españas se están quedando aisladas, ahogadas en sus propios vómitos y grupos de WhatsApp. Perdón por la redundancia.

Hay una derecha que habla para la derecha, otra derecha que habla a la izquierda para insultarla y faltaba esta tercera pata, una derecha culta y educada que hable a la izquierda para seducirla, para embelesarla. Porque la prosa de Peyró embelesa y atrapa. Y la belleza es un espejismo de la verdad. Por eso, cuando la izquierda comprenda que los conservadores no somos lo que creen que somos, algunos despertarán. Y puede que, de paso, despierten también los que se dicen a sí mismos conservadores, pero son reaccionarios y, por lo tanto, revolucionarios. Cuando alguien en la izquierda se acerque a una ideología y una cosmovisión diferente e inteligente, quizá reflexione. Y es posible que se inicien caminos, lecturas y visitas inesperadas. 

Este movimiento es audaz, valiente y generoso. Y, sobre todo, oportuno. Ojalá en la derecha tomáramos nota y comenzáramos a escuchar a la gente brillante y buena de la izquierda, que la hay. Hay que abrir las ventanas, contaminarse, perder el miedo a confrontar ideas y escuchar con respeto profundo. El consenso por decreto, es decir, el centrismo, es el mayor totalitarismo, porque desacredita el conflicto. Yo no quiero la paz del que elimina los polos, yo acepto el conflicto, el disenso y el desacuerdo porque acepto al ser humano tal y como es. Solo pido que ese conflicto se produzca con respeto, inteligencia y elegancia. Con florete y no con navajas. No basta con decir cada mañana que Sánchez es malo, Montero tonta y los nacionalistas traidores. Se espera algo más, se esperan ideas, propuestas y un estilo. Se espera una respuesta a los problemas de hoy, no a los de 1934 ni a los de 1978 ni a los de 1996. Y eso pasa por elevar el nivel intelectual y humano. Con este paso, Peyró hace un gran servicio al mundo conservador. Ahora solo queda poner alfombras persas y puentes de plata para que, desde la derecha civilizada, hagamos lo mismo: dar luz a sus mejores voces ayudará a que sus lerdos parezcan aún más lerdos. Pero cuidado que también funciona al revés. Lo siento mucho por nuestros lerdos.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 18 de abril de 2022. Disponible haciendo clic aquí).