Si Feijóo no está a favor del pacto con Vox lo debería haber impedido dejando muy clara cuál es su alternativa, porque no se puede construir sobre la base de un negativo y para saber lo que está mal necesitamos saber lo que está bien y por qué. Pero no pidamos peras al olmo. Si Feijóo está a favor del pacto que el partido que él preside ha firmado con Vox, lo debería haber celebrado. Pero, en cualquier caso, esté a favor o en contra, no es de recibo dejar tirada a su gente, mansear a la primera de cambio y acochinarse en tablas. Hay que dar la cara, apretar las mandíbulas, bajar la mano y lidiar. Como decía Manolo Ortega a aquel tren que soltaba vapor con chulería en los llanos de Atocha: «Esos humos los quiero ver yo en Despeñaperros». El liderazgo se demuestra en momentos como este. Empezamos mal.

Pero los ninguneos a Mañueco no son nuevos. Comenzaron con el nombramiento de cargos en el congreso, dejándole claro que no iba a pintar nada. Y siguieron el martes con la ausencia de líderes nacionales en las Cortes de Castilla y León. Mandó a Rajoy junto a una corte de medianías y líderes locales, entre ellos Isabel Díaz Ayuso, que aprovechó para dejar dos o tres perlitas con esa cara de desprecio que pone cuando está nerviosa. Entre ellas, que «Castilla y León es una comunidad ‘socialismo free’». Pues no, mire. De momento, Castilla y León es ‘Ayuso free’. En esta comunidad hay socialismo, y si el PSOE no ha ganado las autonómicas ha sido exclusivamente por los resultados de Soria Ya. De cualquier modo, el PSOE gobierna en ocho de los dieciséis municipios de más de 20.000 habitantes que hay en la región: Valladolid, Burgos, León, Ponferrada, Segovia, Soria, Miranda de Ebro y San Andrés del Rabanedo. Izquierda Unida lo hace en Zamora. Vamos, que de «socialismo free» nada. Gracias a Dios, diría. Uno no es sospechoso de ser un peligroso bolchevique, pero la libertad no es un absoluto sino un medio para otras cosas, como, por ejemplo, para que la gente vote lo que le de la real gana. Un proyecto liberal no es compatible con la eliminación del adversario ni con su aniquilación política. Y menos con el desprecio a sus votantes y sus representantes, con esa manera tan suya de dividir el mundo en buenos y malos. Si lo que quiere Ayuso es que no haya oposición, me temo que eso tiene un nombre. Y, en cualquier caso, lo que opine Ayuso de Castilla y León nos tiene sin cuidado.

Mucho me temo que a ella también le tiene sin cuidado nuestra comunidad. Esas declaraciones solo tienen como objetivo marcar territorio y advertir a Feijóo que ella no va a aceptar ni tolerar acuerdos con el gobierno. Afortunadamente, ella no pinta nada en su partido y Feijóo hará lo que estime oportuno que para eso le han votado. Si ella hubiera querido presentarse, lo podía haber hecho. No tenía ninguna posibilidad de ganar y no dio el paso. Es mucho más cómodo incordiar desde fuera. Y si la cosa se pone fea, ya saben, un escrache a Génova 13, que es la manera que el PP ha legitimado para resolver sus conflictos internos. Y, ahora que lo pienso, si Feijóo no vino a Valladolid quizá no fuera por no coincidir con Vox sino por no coincidir con ella. Al final voy a terminar dándole la razón: habrá que apoyar a Feijóo, no solo por librarnos de Sánchez, no solo por no depender de Vox sino, fundamentalmente, porque si él fracasa, la derecha estaría en manos de ella. Y eso sí que no. Es Ayuso o libertad.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 21 de abril de 2022. Disponible haciendo clic aquí).