Tras pasar por las elecciones vascas con un resultado mediocre, vino la escandalosa derrota del PSOE en Galicia. Después el ridículo en Murcia cuando la noche de las mociones rotas y, acto seguido, la humillación en Madrid. No acaba ahí el exitazo sanchista. El PSOE pierde también en Castilla y León, dejándose por el camino uno de cada cuatro votos y ahora llega a Andalucía donde, si no se da una aparición mariana, Sánchez afrontará su enésimo desastre electoral consecutivo, esta vez en su mayor caladero histórico y habiendo consumado una concatenación de fracasos de imposible digestión. El PSOE está K.O. Y eso no lo digo yo, lo dicen los españoles con sus votos allá donde se les pregunta. Por si fuera poco, cisma interno con la salida de Ábalos y Calvo y, ahora, guerra abierta entre Bolaños y Robles.

Todo aliñado con una ruptura parcial con ERC, un infierno cada vez que hay que sacar adelante cualquier votación y el olor a azufre de todo fin de ciclo.

Por otra parte, Podemos es ya un partido fallido que, tras el cisma de Errejón y su ‘alt-left-urban-pop-green-perroflauta-ejque’, se debate entre los restos del tardopablismo, la vergüenza ajena del tándem monterobelarrista, los anticapitalistas -hoy protomiarmistas-, las mareas -cada vez más bajas-, las hordas adacolauítas, el delirio compromisístico y el desastre de Izquierda Unida que, a su vez, se divide entre el Partido Comunista clásico -es decir, fracasado-, los Garzoners y Yolanda Díaz, el mayor ‘bluf’ de la política europea. Dice que ha abierto un ‘proceso de escucha’ -que es lo que uno pide cuando no tiene nada que decir- y sigue mareando la perdiz del ‘espacio amplio’ de confluencia y un ‘hype’ que recuerda ya al del Partido Reformista de Roca.

Esto es lo que hay, esta es la foto, que dirían los cursis. Y en este escenario de descomposición total de la izquierda todavía hay que escuchar sermones en la derecha más limitada sobre su supuesta hegemonía cultural. La izquierda, en España, está derrotada socialmente, sus planteamientos desprestigiados, sus iniciativas ridiculizadas, sus líderes denostados, su victimismo superado y su intento de ingeniería social fallido. Si aun conservan algo de ruido es solo gracias a la fascinación que siente la derecha mediático-tuitera por la izquierda más tontita y por su manía de entrar al trapo de todas sus provocaciones. Pero el clima en todo el país es el mismo: Frankenstein ha mutado en zombi. Todas las tertulias y todas las sobremesas son la misma y la única posibilidad de que la derecha no gobierne España será que se empeñen mucho en ello y pongan todo el esfuerzo en conseguir fracasar ante un rival muerto. Algo, por supuesto, en absoluto descartable, esa es su especialidad. Solo queda que Feijóo elija entre la guerra cultural o el BOE, entre dar miedo o esperanza, entre ser el candidato de la moderación o el de la radicalidad. Y ya estaría. Sánchez solito ha matado a la izquierda. Y creo que nunca se lo agradeceremos lo suficiente.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 17 de mayo de 2022. Disponible haciendo clic aquí).