Pilar del Olmo, Mercedes Cantalapiedra, Jesús Julio Carnero, Eduardo Carazo, Conrado Íscar, Víctor Alonso, Pablo Trillo-Figueroa, Isabel García Tejerina o incluso un independiente, que, ya puestos, me gusta fantasear con que pudiera ser un empresario del ocio nocturno, un poeta ultraísta, un actor de teatro aficionado o quizá un lateral derecho del C.D. Arces. Pueden llamar a un operario de Carrocerías, a una Manola de Las Angustias, al de los helados Covadonga de Suances o a uno de los Pahíno. A Berto el del Porfirio, en Comillas, a la que cobra los turrones en Iborra, al conductor del 8 o al mismísimo Shon Weissmann.

Yo que sé, he preguntado y nadie tiene ni idea, todo parece depender de Feijóo pero el gallego está a otras cosas: primero a su sucesión en Santiago de Compostela, después a su escaño en el Senado y a continuación al congreso de Madrid de la semana que viene. Luego a las listas de Andalucía, a los congresos de las comunidades uniprovinciales y, posiblemente, directo a formar gobierno en San Telmo. Eso nos pone en julio o agosto, con los pueblos llenos, los móviles apagados y la ciudad vacía. Mala época para nombrar candidato, no se va a enterar ni el que limpia las piscinas de FASA, que es el tipo más importante de nuestro verano después del que saca rumores de centrales vascos para el Pucela. Así que, hasta septiembre, Valladolid es la prioridad número 57 en Génova, inmediatamente después de revisar los móviles por si Pegasus. Nos plantamos en ferias con las casetas, los toros y el concierto de Chenoa. Sin candidato hasta las lluvias de San Mateo.

Y sucede que, hasta entonces pueden pasar muchas cosas que hoy ni imaginamos y que tienen incidencia en esta tierra. Entre ellas, que Juanma Moreno no necesite a Vox. Yo veo esa opción más lejana de lo que dicen las encuestas, pero si se diera, podemos dar por fracasada la recién estrenada legislatura autonómica. Algo se inventará Mañueco para ir a elecciones en mayo y tengo la sensación de que esta vez tendrá motivos y no le hará falta ni mentir. Si eso sucediera, las municipales coincidirían con las autonómicas y la cosa se complica porque PP y Vox tendrán que pactar si quieren gobernar Valladolid y otros miles de ayuntamientos en toda España y llegarían en guerra abierta. Pero además es que podemos ir a generales en otoño. Y la cosa se complicaría aun más porque, en ese escenario, el baile de nombres, puestos y cábalas sería total e imposibilita cualquier quiniela.

Ni siquiera tengo claro que Puente se vaya a presentar a un tercer mandato si no tiene la seguridad absoluta de que va a poder gobernar. Y esa certeza hoy es una quimera y lo va a seguir siendo. Lo tiene muy complicado para volver a ser alcalde y además lo sabe, por lo que no solo es el PP el que llega sin candidato, sino que, quizá, también en el PSOE planee la duda

Y más allá de lo que los partidos quieran hacer y de sus decisiones internas, debemos hacer una reflexión: ¿hasta qué punto ha llegado la degradación de la política para que haya tantos problemas para encontrar gente válida, experimentada y con ganas? El que gane sabe que van a escudriñar toda su vida, la de su familia, su pasado desde el primer tuit hasta el último whatsapp, que puede dar por finalizada su vida personal y familiar y que se expone a un linchamiento público diario. Y, cuando eres consciente de esto, uno entiende mucho mejor que cueste tanto dejar el Congreso, el Senado, la Diputación, la Consejería y no digo ya la actividad privada para dedicar tu vida a mejorar el alcantarillado en el Pinar de Antequera o solucionar el aparcamiento de La Rondilla. Yo tampoco lo haría.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 12 de mayo de 2022. Disponible haciendo clic aquí).