Defensa y ataque son conceptos que se producen a la vez. No son espacios diferentes ni, mucho menos, antitéticos, sino apenas fases conceptuales de lo mismo. La mera tenencia de la pelota no divide el mundo en dos y la realidad es que siempre se está atacando y defendiendo. Por eso, cuando un equipo defiende, ha de hacerlo de manera que, en caso de robar el balón, se encuentre en la mejor posición posible para atacar. Y al revés: se ataca de modo que, en caso de perder la pelota por el camino, no se haga donde se facilitan las cosas al rival.

Esto tiene implicaciones. Quizá la más clara sea que no se puede atacar de cualquier manera, sino de modo conservador. Y que no se puede defender de cualquier modo, sino con ambición, audacia y el gol en la cabeza. Así que prudencia en el ataque y ambición en defensa. Por algún motivo, la gente hace lo contrario, es decir, atacar con ambición y defender con prudencia. Y no funciona, claro. El aficionado medio lo celebra, pero nada, solo es populismo, efectismo y trampantojos. Supongo que será culpa del cerebro reptiliano, el mismo que nos hace mantener posiciones perdedoras en bolsa de modo indefinido pero que, en cuanto ganas, te urge a vender. Somos, conservadores en la ganancia y arriesgados en la pérdida, cuando todo debería ser al revés.

Creo que Feijóo lo sabe. No podemos asegurar que lo tenga hecho ni debería gastar un minuto en tomar medidas para cambiar el colchón de La Moncloa, pero como hace tiempo que solo creo en Dios, en Morante y en Narciso Michavila, podemos afirmar que, como poco, lo tiene bastante bien. GAD3 ya le da 159 escaños y, contra este PSOE enloquecido, es posible que acabe rozando la mayoría absoluta. Por eso debe empezar a pensar ya qué va a hacer cuando llegue al poder. Muchos dirán que es precipitado, que queda mucho y que no es momento, pero esa es la postura perdedora, la que te dice que hasta que no tengas el balón no te plantees que vas a hacer con él. De un líder se espera más, que vaya dos jugadas por delante y tenga claro qué va a hacer y en qué orden. 

La primera medida de Feijóo debe ser defraudar a la parte de sus votantes que le piden que asuma el juego marrullero de Sánchez, que se tome la revancha y que descarte todo acuerdo. Debe hacer justo lo contrario. Tras Sánchez no iremos a una legislatura más sino a una segunda transición y la prioridad debe ser recuperar institucionalmente a España, reconstruir las relaciones internacionales y con el resto de poderes del estado, empezando por la jefatura. Y poner el foco en las reformas que necesita nuestra economía. El PP ni puede ni debe hacer eso solo, España necesita grandes acuerdos y no se trata de cambiar un populismo por otro: se trata de acabar con el populismo, las guerras culturales y actuar con grandeza. Esta es la postura realmente conservadora, que no solo es la más inteligente, la más productiva y la más ambiciosa. La historia nos enseña que, en los momentos clave, también es la más valiente.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 30 de julio de 2022. Disponible haciendo clic aquí).