Si hemos sido capaces de politizar la depresión de Simone Biles, una manada de violadores o el asesinato de dos niñas a manos de su padre, ¿cómo no vamos a politizar una crisis energética? Si hemos sido capaces de hacer de la existencia del virus, del uso de la mascarilla y de la vacunación un asunto ideológico, ¿qué puede ser para nosotros una mísera limitación de la luz de los escaparates? 

Si no ha supuesto para nosotros ninguna dificultad culpar de los incendios de Castilla y León a Vox y al PP –los ‘hunos’– o a los ecologistas –los ‘otros’–, ¿vamos a dejarnos acobardar ahora por una nimiedad como esta? ¿Retos de sectarismo a nosotros? ¡Por Dios, que somos españoles! Si hemos logrado hacer de un chuletón o del coche diésel una postura ideológica, si hemos hecho del juego de Mourinho y de Guardiola una cosmovisión, si hemos elevado la preferencia sexual al altar de la identidad, si hemos conseguido hacer de los puros habanos símbolos del capitalismo y de la conservación del planeta una tara comunista, ¿qué no podremos hacer con un escaparate? Si escuchar a Víctor Manuel te delata como rojazo, creer en Dios te convierte en ultraconservador e ir a los toros es de asesinos, ¿vamos a achantarnos ahora por una cosita así? Amosanda.

No hay nada que le guste más a un español que posicionarse. Todo es una oportunidad para odiar al de enfrente, pero para odiarle bien, del todo, con espumarajos en la boca y los dedos en carne viva de tanto escribir sandeces. La actualidad es solo el medio para buscar el espaldarazo del amigo de fobias, reafirmarse en público y mostrar limpieza de sangre. Es el poso de los talantes belicosos judeo-islámicos de los conversos en nuestra cultura, esa permanente actitud de gueto. Y ante las limitaciones energéticas, como ante cualquier otro asunto que requiera una mínima reflexión, España coge el atajo intelectual, el camino que a cada uno le suponga menor desgaste para situarse en su lado del rebaño. Y balar.

Así, ante el abandono por depresión de una atleta, España sentencia que, si te muestras compasivo y empático, eres de izquierdas. Y si estás en contra del abandono porque la vida es dura, de derechas. Si eres ‘progre’, has de estar del lado del cambio climático de modo lanar y beatillo. Si eres ‘facha’, a negar la necesidad de cuidar el planeta, caiga quien caiga. Cuando hay más de una variable y la verdad es compleja, a nadie le interesa analizar cuál es la mejor solución para un problema concreto en la situación actual y con los recursos de los que disponemos. Es mejor esperar hasta estar seguro de cuál es la posición aceptable para el rebaño y abandonarse al familiar sonido del cencerro. 

Así que, ¡hagan juego! ¡Demuestren su ‘turboliberalismo’ pagando más luz y, por supuesto, más impuestos por la luz a Sánchez! ¡Que se entere este de lo que es bueno! Y los otros: ¡Afiancen su progresismo apostando por la vuelta a la vida en las cavernas! Cuando hay pocas luces, me temo que la energía es lo de menos.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 6 de agosto de 2022. Disponible haciendo clic aquí).