LA primera en la frente. Sánchez comienza su ‘Tour for Absolution’ y España le recibe con abucheos, silbidos y una pancarta en la que pone ‘Que te vote Txapote’. Ha sido en Pino Montano, pero podría haber sido en cualquier otro lugar, que el resultado iba a ser el mismo. Supongo que han elegido Sevilla porque allí ya no puede estropear las autonómicas a nadie. Por el mismo motivo, quizá siga por Galicia, Cataluña o País Vasco, donde tampoco incordiará demasiado. Sobre todo, por País Vasco, a donde esta semana el gobierno ha acercado a ‘Txapote’ que asesinó a catorce personas, entre ellas a Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica o Fernando Buesa. También ha acercado a Parot, que cumple condena por haberse cargado a más de ochenta. Más de ochenta asesinatos no son un pecado de juventud, un error ni un mal día sino algo que te convierte en un sicario, en un mercenario y, si tienes suerte, también en pieza de negociación. Porque vemos delante de nuestras narices algo que, si no es el pago del PSOE a Bildu, se parece mucho. Y la gente se enfada, claro, esa gente de la que Pedro se siente lejano, distante, esa gente desagradecida que no le valora como merece. No se entiende que no le quieran, la verdad, después de haberlos mentido, de haberlos utilizado, de haber indultado a golpistas, de haber pactado con filoterroristas, de haber polarizado a la sociedad con ideologías sectarias y dogmáticas, de haber metido a comunistas en el gobierno de España, de tener la economía destrozada, de habernos confinado de modo ilegal, de obviar el parlamento, de tener destrozado el Poder Judicial y las relaciones con la Corona, de haber gestionado la pandemia de modo desastroso, de haber hecho el ridículo en Marruecos y en Argelia o de haber hecho creer a nuestros mayores que la transición fue un error en la que los buenos eran los malos. La gente, ya saben. La hay donde quiera que vas.

Es cierto que el PP ha trasladado a ochocientos presos antes. Pero también es cierto que nunca a sanguinarios de este tipo, con este descaro, esta desvergüenza, esta rapidez y con un hilo tan evidente entre la causa y el efecto, un hilo negro de luto, un hilo que toca a muerto. Nunca antes se habían traslado a etarras siendo Bildu tu socio. Y eso lo cambia todo. Saben que les queda poco y tienen que pagar las deudas antes de que sea demasiado tarde. Y, sobre todo, antes de elecciones, no vayan a ir con pancartas hasta los socialistas. Quizá cuando la gira llegue a Galdácano, a Pedro le reciban con vítores y un orfeón, no lo sé. Pero lo merecería: nadie ha hecho tanto para blanquear a ETA como él. Cuando Bildu es tu socio, todo acercamiento se vuelve sospechoso. Empezando por el suyo a la gente. Porque sucede que ETA ha matado a más de ochocientas personas y ha obligado a exiliarse a 400.000, que es mucha gente. Y esa gente tiene amigos. Y los amigos tenemos memoria. Y cuando desprecias así a un pueblo, la gira por la absolución acaba recordando a un Ongi Etorri.

(Esta columna se publicó originalmente el ABC el 5 de septiembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).