Un argentino me dijo una vez que nuestros abuelos habían matado a los suyos. Le dije que mis abuelos jamás salieron de España y que no tenía ningún antepasado que hubiera estado en América, si es a eso a lo que se refería. Sin embargo, a la vista de sus rasgos, nada indígenas, parecía que sus abuelos sí que habían ido de España a América. Así que quizá los ‘asesinos de indios’ eran sus abuelos y no los míos. 

Funciona igual al revés. Los hombres que ‘liberaron’ a los países americanos de los españoles fueron… españoles. Bolívar pertenece a una familia vizcaína y San Martín, de Cádiz. No se sabe cual es exactamente tu lugar ‘in natura’ porque la política y la genética jamás bailan un vals. En ese sentido, veo que queremos hacer festivo el día de la toma de Granada ‘a los moros’. Y que, por ello, se refieren a ‘los moros’ como a algo externo. «Cuando nos conquistaron los moros», o «nosotros, los castellanos, reconquistamos la península». Me causa asombro esa identificación de alguien del siglo XXI con los reinos visigodos del centro de la península en el siglo VI, recién llegados del centro de Europa, preferiblemente del valle del Rhin por el mero hecho de ser él cristiano y castellano hoy. 

No se dan cuenta de varias cosas. A saber. Primero: que en 1492 había personas de diferentes credos, pero eran todos igual de españoles o igual de poco españoles. Ya Abderramán III –siglo IX– y Almanzor –siglo X– son tan de aquí como José Manuel Soto y esto es cinco siglos después. En Valladolid acabamos de descubrir una mezquita mudéjar construida en el siglo XV. Y cabe recordar que una cosa es una mezquita en un territorio de los musulmanes que después se conquista –la de Córdoba– y otra cosa una mezquita nueva en territorio cristiano y al final de la Reconquista. Es decir, eran musulmanes, pero castellanos. Solo tenían otro credo.

Segundo: en cualquier caso, aunque las sangres árabes, sirias y bereberes se quedaron para siempre dentro de nosotros, estuvieron aquí ‘oficialmente’ ocho siglos, que es más tiempo del que ha pasado desde que les echaron hasta ahora. Es decir, eran de aquí. Hay más distancia entre Abderramán I y Boabdil que entre Isabel la Católica y usted. Estados Unidos tiene poco más de dos siglos como nación y si se plantearan echar a los que llevan menos de ocho siglos no se quedan ni los Arapahoes. 

Tercero: dudo que exista nadie en España que no tenga sangre judía o ‘mora’. Y visigoda y francesa y romana y vaccea y celta. Por eso, cuando dicen que «los moros nos invadieron» no se dan cuenta de que entre ellos estaban sus ‘tatarabuelos’, su propia sangre, aquellos a los que debe la existencia. Su familia. Lo que deberíamos decir es que «parte de nuestros antepasados entraron en la península durante el siglo VIII. Otros antes, otros después». Cuando dicen «los castellanos recuperamos Granada» deberían decir, «parte de nuestros antepasados ganaron Granada». Y parte, la perdieron.

No debemos construir nuestra identidad negando las demás identidades, ni sobre la base de una supuesta genética o herencia histórica porque por nuestras venas corre todo tipo de sangre. Así que cuando mires el cuadro de la entrega de llaves de Boabdil a Isabel y te preguntes quiénes son los tuyos, un día entenderás que, si eres verdaderamente español, lo son todos. Y que, por ello, tu calendario, a partir de ahora, va a celebrar una derrota. Vamos, como Villalar.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 15 de septiembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).