Decía Pla que cuando los catalanes no sirven a la anarquía, sirven a la mediocridad. Alizzz no sirve a la mediocridad porque se le cae el talento de las manos. Así que supongo que servirá a la anarquía. A decir verdad, me temo que no le quedaba otra, la anarquía es la salida natural cuando los que mandan son una panda de tenderos con aires de grandeza cuya mayor aspiración es presidir el equipo de fútbol de la comarca, que diría García Domínguez sobre la ‘burguesía catalana’.

Alizzz es otra cosa. Es un buen músico y un mal charnego que ve cómo el éxito le está llegando con la cabeza bien amueblada y una vida a sus espaldas. Y eso se nota, no solo en su manera de componer, en su herencia natural de las estructuras rock o en la manera en la que integra el pop, la electrónica y las producciones más modernas; no solo en sus arreglos, en su olfato y ambición; no solo en el éxito en el que convierte todo lo que toca o en la personalidad con la que hace lo que le da la gana. Se nota, sobre todo, en la actitud con la que ha mandado a la mierda a las elites culturales nacionalistas (posible oxímoron). Y, además, esta vez, en catalán. Si los nacionalistas utilizan el castellano para hablar con el servicio, es esperable que el ‘servicio’ reaccione utilizando el catalán para cagarse en sus muertos. «Soy un ‘choni’, un ignorante, un charnego de periferia, los ‘Cercanías’ están hechos mierda y en ‘Enderrock’ no pueden verme». ‘Enderrock’ es una revista centrada en la música en catalán, es decir, el ‘establishment’ acariciando la cabeza al artista, la cultura oficial del amo, el clasismo disfrazado de gafapasta, las paladas de pienso a Xabi Fortes. Luego dice que se siente «como Chanel, un catalán de segunda», mientras insulta a «laburguesía intelectual». Vemos que algo está pasando, que la ‘resistencia’ viene de abajo y que el nacionalismo está perdiendo la calle. «Vamos por delante en el sur de la ciudad/ vosotros sonáis aburridos y estirados/ me traeré a ‘Castefa’ tres Grammys cada año». Remata con esta frase: «Las élites culturales somos nosotros también». 

Pues claro, Alizzz. Las elites culturales sois, sobre todo, vosotros. Siempre lo habéis sido. Que se lo pregunten a Serrat, a Estopa o a Kiko Veneno. Al Pescaílla, a El Ultimo de la Fila, al Dúo Dinámico, a Jarabe de Palo, a Antonio Orozco. A Mónica Naranjo o a Loquillo. A Rosalía. Todos catalanes y vanguardia de la música española. Ahora os toca, aunque vuestros códigos sean diferentes y se os desprecie. No pasa nada. Cuando yo era pequeño, el flamenco era visto como algo suburbial, de cintas de carretera y puticlubes. Tuvo que pasar tiempo para que se dignificara y llegara el respeto. Lo mismo le pasa a tu generación, que en lugar de nacer con una guitarra y un cajón habéis nacido con un ordenador y el Logic Pro. Pero la pulsión urbana y el talento abriéndose paso con las armas de las que dispone es idéntico. Pasará tiempo hasta que os respeten. Pero yo lo hago ya. Siempre he sido muy elitista.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 17 de septiembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).