Yo creo que ya lo he planteado un par de veces, pero como nadie parece hacer ni caso y estamos a las puertas de elecciones lo vuelvo a decir, a ver si esta vez causa más efecto y algún partido lo escucha y decide meterlo en el programa. Total, para no cumplirlo, ya me dirán qué más da. Mi voto en las municipales lo tendrá quien prometa señalizar de una vez por todas todo lo que ha sucedido en mi ciudad. Y aquello que no se sepa dónde ha sucedido exactamente, nos lo inventamos. Uno está cansado de caminar por Londres viendo placas azules donde pone que «aquí vivió Jimi Hendrix», «en esta casa sitúa James Mathew Barrie el domicilio de Campanilla» o, directamente, «aquí tomaron té un día Lennon y McCartney y comenzaron a componer ‘Let it be’». A ver, que es que uno ha llegado a visitar la casa de Sherlock Holmes en el 221b de Baker Street, lo cual no tendría nada de raro si no fuera porque Sherlock Holmes jamás existió. Así que imagínense su casa. No pido una casa para Cipriano Salcedo, solo un proyecto de placas dignas y baratas, bien diseñadas y coherentes. Nada más. La gente viene a Valladolid buscando historia y no sé por qué no somos capaces de explicarles en qué lugar se encuentran.

Escribo esto en el Bar Postal –pidan tortilla– y veo frente a mí la Hospedería de San Benito, que es el germen de mi ciudad. Mucho antes de ser hospedería fue un Alcázar, y antes aún, un Alcazarejo, es decir, fortificaciones defensivas para defender la frontera, y no de los moros sino de los leoneses. Porque después de independizarnos de León, el Pisuerga marca el límite de Castilla en el siglo XII. Vamos, que Huerta del Rey, La Victoria y Parquesol eran Reino de León. En cualquier caso, en la fachada de este edificio se debería leer de modo claro y notorio: ‘Aquí vivió Alfonso VII’. Una plaquita austera: «Aquí vivió el rey Alfonso VII». Ya está. Oigan, que no pido una estatua por rey, como en el Palacio Real, en El Prado o en la Biblioteca Nacional. Solo una plaquita azul de chapa, algo humilde. Una por rey, se entiende que, además, podría ser ‘merchandising’ para la venta. Desde luego, yo me compraba todas para mi despacho.

En este caso, en la Hospedería de San Benito deberíamos poner una de Alfonso VII, otra de Alfonso VIII y finalmente una para Enrique I, que vivieron allí. Y en la Colegiata, ya me dirán: una placa, pero ya mismo, para la reina Berenguela, que parece que fue coronada ahí y no en la Plaza Mayor. Y además se casó allí con Alfonso IX. Y otra para su hijo, Fernando III ‘El Santo’, por idéntico motivo: su coronación. Y ya que estamos en la Colegiata queremos placa para Alfonso X El Sabio, que se caso ahí. Y otra para Cristina, la hija del rey Haakon IV de Noruega que también contrajo matrimonio en ese lugar. Y Felipe de Castilla, hermano de Alfonso X. Y otra placa para señalizar el matrimonio en la Colegiata de Pedro I ‘El Cruel’ con Blanca de Borbón.

Ya ven lo que hay que señalizar y llevamos solo dos sitios. Otra plaquita para señalizar el lugar en el que nació Sancho IV. Y otra para el palacio de Enrique III y de Catalina de Lancaster, hoy archivo en San Agustín. Otra para el lugar en el que murió Juan II. Y otra para el lugar en el que nace Enrique IV. Ya tenemos la placa del matrimonio de los Reyes Católicos, pero no la del lugar de residencia de Juana I ni el de su boda con Felipe el Hermoso. Ni tampoco hay para Carlos V. Ni para Catalina de Aragón ni para Ana de Austria, la reina de los Mosqueteros, que nada más fue que reina de Francia. Por cierto, que el germen de los derechos humanos es aquella ‘Controversia de Valladolid’ que tiene lugar en el Colegio de San Gregorio. Pues placa también allí, se trata sin duda de uno de los hechos más importantes de la historia de la humanidad. Hay placa para Felipe II en el Palacio de Pimentel pero quizá merezca poner otra que se vea mejor para señalizar el lugar de residencia de Felipe III y el de nacimiento de Felipe IV, el Palacio Real, donde, por cierto, habría que señalizar también que residió Napoleón o Lord Wellington. O José I. O Santa Teresa de Jesús.

Ni que decir tiene que hay que poner placa en la primera casa de Cervantes, cerca de Tenerías. Y en la librería-imprenta en la que se puso a la venta por primera vez El Quijote en todo el mundo, en la calle Librería. Plaquita para el Palacio de Rubens en San Juan. Placa en el lugar en el que vivió Umbral y en el banco en el que trabajó. Y otra para el lugar en el que se casó, San Martín. Placa en la esquina de la calle Colón con Velardes para señalizar la casa en la que vivió Quevedo, que me lo ha dicho José Delfín Val, y lo que dice Pepe va a misa. Y placa en donde vivió Larra, que no se sabe, pero que yo creo que no debe andar muy lejos de la Universidad. Y placa para Góngora, que tampoco se sabe, pero que hay que señalizar en alguna parte, seguro que entre todos sacamos un indicio. Placa para Elcano, placa para la tertulia de José Zorrilla en el Café del Norte. Placas por doquier.

Una placa para Teresa de Jesús en el convento que fundó en La Rondilla. Placas masivas con temática Delibes, más allá de sus lugares de residencia. Placa para el taller de Gregorio Fernández, que es el Velázquez de la escultura. Y placa para el taller de Juan de Juni, que no le va a la zaga. Placa bien grande para Jorge Guillén, que creo que ya está, pero no se ve. Y para Concha Velasco, Rosa Chacel y Lola Herrera. Placa para el Palacio del Conde Ansúrez, que nos importa tanto que hoy es un Gadis. Y también para Teresa Gil, para María de Molina y para Juan de Herrera. Placa para Cristóbal Colón. Miren, no sé, hay gente mucho más lista y más culta que yo y sabrán todo lo que falta por señalizar. Yo solo doy ideas, pero tengo claro que, con la mitad de la mitad de esto, en cualquier otra ciudad se harían un parque temático histórico que dejaría con la boca abierta a todos sus visitantes. Empezando, quizá por los visitantes internos, es decir, por nosotros mismos, que no tenemos ni idea del suelo que pisamos. Y me da vergüenza. Pongan placas, por favor. Todas iguales. De verdad que no cuesta tanto. Y si vemos que ni aún así se acomete el proyecto en serio, pues pasamos al plan b y montamos la ‘Asociación de Vecinos por las placas’ y el día menos pensado aparece Valladolid lleno de chapas azules en lugar de grafitis negros. Aunque, ahora que lo pienso, si nos pillan, son capaces de multarnos y quitarlas. Igual ponen una placa para rememorarlo.

(Este texto se publicó originalmente en la sección ‘Vallisoletanías’ de El Norte de Castilla el 18 de septiembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí)