El Reino Unido confirmó la semana pasada que es legal abortar fetos con síndrome de Down hasta el mismo momento del parto. Han leído bien, en el Reino Unido se puede asesinar a un bebé viable de nueve meses en un embarazo a término solo por el hecho de que tenga un cromosoma extra. Es curioso que el debate ya no se centra en si hay vida o no y a partir de qué minuto y segundo exacto, entiendo que les da hasta vergüenza reducir el misterio a semejante gilipollez. Eso está superado y ya ni fingimos una duda moral acerca del origen preciso de la vida, aceptamos abiertamente que la hay y que es humana, pero nos da igual, porque si el feto tiene una minusvalía es suficiente motivo para cascarle dos tiros caminito del moisés.

Aunque supongo que lo harán de un modo menos traumático. Si usted tiene curiosidad y quiere destrozarse la Navidad puede ver un aborto en YouTube y el nudo en el estómago se le quitará con suerte allá por carnaval. Si el aborto ha de tener límites, este es uno: es aberrante matar a un niño a las cuarenta semanas de gestación sin que suponga ningún riesgo para la vida de la madre solo porque no es perfecto. Y, en cualquier caso, da igual, el derecho a la vida ya no es absoluto, se circunscribe a los humanos sanos. Si la niña que va a nacer «sufriese de anomalías físicas o mentales o tuviera minusvalías graves», lo que incluye el síndrome de Down, se pueden ir olvidando. Desde la semana pasada, solo nacerá si la madre quiere, igual que antes, pero ahora se lo puede pensar hasta las contracciones, que es la manera en la que los niños llaman al timbre de su casa. El padre, como pueden suponer, no pinta una mierda y tendrá que aceptar en el paritorio que maten legalmente a su hija solo porque tiene una afección, una alteración genética, ni siquiera una enfermedad. Es decir, aceptamos que es un bebé sano y viable, pero alguien ha decidido que es prescindible, que no tiene derecho a vivir como usted o como yo y que hay que llevar la eugenesia hitleriana al mismo canal de parto para perfeccionar a la especie humana.

Es una curiosa manera de perfeccionarnos esta de matar bebés rollizos que se parecen al abuelo sin ni siquiera estar enfermos. Pero, aunque fuera una enfermedad, ¿a qué grado de degradación hemos llegado para aceptar esto sin salir a la calle en masa a llamarlos asesinos, gentuza, basura? ¿Cómo podemos seguir pensando en el ‘cegepejota’, en la reforma del delito de sedición o en la insoportable preocupación de los barones socialistas por su pesebre después de las elecciones mientras, al otro lado del Canal de la Mancha, la vida se ha convertido en un lujo reservado a los favorecidos por la lotería de los genes? No duden de que, en breve, tendremos algo similar aquí. Mientras tanto, por favor, sigan quejándose muy fuerte de que en Qatar no se respetan los derechos humanos. Desde luego, para un feto inglés con Síndrome de Down, Qatar sería un sueño en cuanto a Derechos Humanos. Fíjense que allá les dejan incluso vivir.

(Esta columna se publicó en ABC el 5 de diciembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).