La Compañía de Jesús es la organización que a más gente educa en el mundo, superada solo por el gobierno chino. Al fin y al cabo, son casi cinco siglos de experiencia y se les nota. Sobre todo, a Francisco, que en la entrevista publicada ayer por ABC deja claro que conjuga la pastoral y la didáctica con una inteligencia y una valentía fuera de lo normal. Desde luego, la entrevista es importante. Yo he tenido que leerla dos veces y no descarto tener que hacerlo una tercera porque los mensajes son rotundos. Y ahora estoy más seguro aún de que si algo hay que agradecerle es que haya reconciliado a la Iglesia con la fe y haya vuelto a los mensajes de Jesús. Porque ya se habrán dado cuenta de que Francisco tiene algo que muchos nunca le perdonarán: el tipo sigue a Jesús, qué cosas. No sólo entiende su mensaje, sino que, además, se lo cree, algo extraño, por novedoso, para parte de los creyentes, que han convertido el catolicismo en una rama más del nacionalismo y del tradicionalismo más reaccionario. Es decir, exactamente a lo opuesto a la enseñanza de Cristo, al que no solo no le valió la tradición, sino que vino a volarla por los aires en su momento. Y lo mismo haría ahora. Me temo que sacando, de paso, a muchos del templo a latigazos. Aunque, evidentemente, el problema no es la tradición sino el tradicionalismo. Como dice Francisco, «la tradición es la fe viva de los muertos; el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos». Y como apunta Borghesi, «el tradicionalismo reaccionario, en su extremismo visionario y apocalíptico, se sitúa fuera de la Iglesia».

Este tradicionalismo reaccionario es uno de los padres de la guerra cultural. El otro es el clericalismo. Entre ambos instrumentalizan el cristianismo para un fin político, usan la fe para llegar al poder y utilizan a los creyentes como proyectiles para la consecución de sus propios intereses. Como nos recuerda Francisco, «el clericalismo es una deformación, una enfermedad grave, un pecado más que un defecto: ya no eres el pastor, eres el Estado clerical. En ese aspecto, ser anticlerical es un honor». Y no le falta razón, la guerra cultural divide al mundo en buenos y malos, en ‘nosotros’ y ‘ellos’, algo que puede ser muchas cosas, pero nunca algo cristiano. Es más, es exactamente lo opuesto.

‘Fratelli Tutti’ nace precisamente para recomponer un mundo roto por esta guerra cultural, como ‘Pacem in terris’ de Juan XXIII nació para recomponer un mundo roto por la guerra mundial. Juan Pablo II nació bajo el yugo comunista y acostumbró al catolicismo a vivir a la contra. Todo es entendible en sus contextos, pero el tiempo de Francisco no es el de vivir a la contra sino el de proponer y, sobre todo, el de unir y llegar a todos, porque el mensaje de Jesús es universal. «Yo soy cordial con todos porque todos son hijos de Dios. Si empiezo a seleccionar gente, voy listo. Soy pastor de todos». Como ven, este Francisco es lo peor. ¿Qué será lo siguiente? ¿Acaso decir que nos amemos los unos a los otros?

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 19 de diciembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).