El pasado domingo, Ángel Ortiz sugería la posibilidad de que Sánchez adelantara las generales y las hiciera coincidir con las municipales y autonómicas. Creo que la hipótesis tiene sentido, siempre dentro del concepto de ‘sentido’ que pueda existir en la negrura absoluta que es la mente de Sánchez. En realidad, no creo que tenga muchas más opciones que parapetarse detrás del resto de candidatos y comerse el marrón de la campaña juntos, fingiendo esa unidad que solo saben mostrar las familias rotas. En caso contrario, la debacle que se le avecina al PSC en casi todas las comunidades y ayuntamientos le será achacada en exclusiva a él y a su deriva delirante. Esa sería la antesala de que sus camaradas lo tiren, por fin, a las cloacas de la historia. Y así no puede ir a generales.

En el PSC de la España civilizada no son tontos, aunque hagan lo posible en disimularlo. Son conscientes del coste electoral que tiene liberar golpistas, liberar violadores, versar églogas a la malversación y situarse abiertamente en el golpismo tercermundista e iliberal. «Una operación arriesgada», según el presi. El riesgo del que habla no es afectivo, sino algo material, puro pesebre. Es el riesgo de perdida de cargos, puestos de trabajo y dinero. Es decir, mucha gente del partido pidiendo públicamente su cabeza desde el día siguiente al descalabro.

Este escenario es factible. Y explicaría mejor la polarización a la que está llevando al país: si sabe que va a convocar, necesita una excusa para crear ese escenario bobalicón de fachas golpistas contra demócratas suaves, tan blandos por fuera, que se dirían todo de algodón. Solo que le va a salir mal, como siempre, porque el único que atenta contra la Constitución es él. La última vez que propuso una cruzada contra el fascismo terminó dejando a Ayuso al borde de la absoluta y Juanma Moreno instalado en ella. Un genio.

Y si el escenario de adelanto es posible, se entendería mejor la situación del PP de Valladolid. El papelón que están haciendo solo tiene una explicación y es que se estén confeccionando a la vez las listas municipales, al Congreso, al Senado… y a las Cortes de Castilla y León. Mañueco se está distinguiendo por su especial petición de elecciones a Sánchez. A nadie se le escapa que, si él hiciera coincidir las autonómicas con esas generales, saldría reforzado. Y no porque lo merezca, sino por demérito del resto: es posible que Vox pudiera perder la mitad de sus escaños, que Ciudadanos desaparezca y que el PSC de Castilla y León sufra un castigo histórico. Es decir, que, a pesar de todo, Mañueco pueda matar varios pájaros de un tiro: quitarse de encima al socio, acabar con Igea, hacerse con esos votos, aprovechar la corriente antisanchista, presentarse con mejores resultados ante Feijóo, afianzar su cuestionada continuidad y, sobre todo, diluir su campaña en un contexto multicita para que nadie los vea hacer el ridículo en solitario y en ‘prime time’, como el año pasado.

Me temo que la situación pudiera ser esa, que estén pensando en las municipales, pero con el resto de listas preparadas y ya negociadas para reaccionar a un adelanto que Mañueco anunciaría un minuto después que Sánchez, con la excusa de corregir una anomalía y volver al calendario que nos corresponde ‘in natura’. Solo así se entiende que estén renunciando a una alcaldía que, más allá del improbable rumor de De los Mozos -laus Deo-, podrían ganar con Jesús Julio Carnero o con Mercedes Cantalapiedra. La última vez, PP, Vox y Ciudadanos ya tuvieron más votos que la coalición de izquierdas y se quedaron a apenas 200 votos de gobernar. Y esto con la derecha dividida en tres, con el PP en su peor momento y con Puente y Sánchez en el mejor. La alcaldía se va a decidir por un puñado de votos. Así que o la cosa va por aquí o definitivamente «quod natura non dat, Salmantica non praestat». Algo, por otra parte, en absoluto descartable.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 22 de diciembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).