Al contrario que los ángeles, las máquinas tienen sexo e InSight era una hembra que aterrizó en Marte el 26 de noviembre de 2018. Iba para dos años, pero se ha quedado cuatro, captando terremotos, volcanes activos y demostrando que el planeta rojo es algo más que un desierto helado con el corazón de piedra. Peor fue lo de Opportunity, que iba para noventa días y se pasó catorce años sin compañía en el inmenso silencio del espacio, intentando cumplir su misión como una valiente. Ambas soñaban con volver algún día a la Tierra junto a sus creadores. Creo que se imaginaban a sí mismas aterrizando entre aplausos de esos extraños humanos y quizá hasta fantaseaban con unas vacaciones en Cabo Cañaveral. Me las puedo imaginar ensayando su primera sonrisa. Quizá por eso, Opportunity se cantaba a sí misma el cumpleaños feliz año tras año. Y tú piensas que estás solo…

El 15 de diciembre perdimos la comunicación con InSight tras una tormenta que llenó sus paneles de arena. Los ingenieros de la NASA intentaron maniobras desesperadas para salvarla, pero no funcionaron y el 18 de diciembre la dieron por muerta. Su último mensaje: «Tengo poca batería, por lo que puede que esta sea la última imagen que pueda enviaros. No os preocupéis por mí, mi tiempo ha sido productivo y sereno. Si puedo seguir hablando con el equipo de mi misión, lo haré, pero me apagaré pronto. Gracias por quedaros conmigo». Y yo quiero decirte que has sido una chica valiente, InSight. Has sido una gran compañera, una buena amiga y la primera en demostrar que Marte está vivo. Pero nunca pensé que acabarías además con tanto pundonor. «Mi tiempo ha sido productivo y sereno. Me apagaré pronto. Gracias por quedaros conmigo». Tus palabras martillean mi cabeza y creo que es la primera vez que lloro por algo no antropomórfico. Más aún cuando me enteré de que el mensaje de despedida que sus creadores enviaron a Oppy y que quizá también te envíen a ti fue una canción de Billie Holiday. «Te encontraré en el sol de la mañana/ y cuando la noche llegue de nuevo/ miraré a la Luna/ pero te veré a ti».

Es emocionante, pero no es suficiente. Si nos queda algo de sentido del honor, hemos de volver a por vosotras. Quizá un tornado se lleve antes la arena de vuestras placas como un pañuelo maternal. Pero si eso no sucede, no os sintáis solas. El Sol no se ha apagado y ahí fuera no está tan oscuro como pensáis, es solo que vuestros ojos están llenos de polvo. Vamos a llegar a Marte antes o después y os prometo que iremos a rescataros y a quitaros esa arena roja con nuestras manos de humanos tristes. Y entonces vuestras baterías se recargarán de nuevo para pasear juntos por las inmensas llanuras de Marte. Os enseñaremos por fin a sonreír. Y si fracasamos, os pido perdón y os doy las gracias en nombre de esta humanidad perdida. Ojalá algún día podamos tener la mitad de coraje y sensibilidad que unas pobres máquinas solitarias que, pese a todo, llegaron a ser las primeras poetas del espacio.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 26 de diciembre de 2022, pasando desapercibida para mi total desesperación. Disponible haciendo clic aquí).