Habría que recordar, antes de nada, que lo de «solo sí es sí» excluye a los políticos, y que cuando un posible candidato dice un sí rotundo, alargando la ‘í’ como en uno de esos anuncios de perfume francés, queda automáticamente descartado. Porque, en política, «solo sí es no». Pero tampoco podemos asegurar por ello que «solo no es no», porque, el que niega por activa y por pasiva, lo que está queriendo decir, en realidad, es que puede ser, que quién sabe, que vaya usted a saber. O sea, que «solo no es quizá». Pero, sin embargo, cuando un político dice que puede ser y que la vida da muchas vueltas, lo que está queriendo dar a entender es un sí sin contemplaciones, un sí de novio casándose en Filipinos, a las doce y con chaqué. Porque la realidad es que, al final, «solo quizá es sí». Por eso, si Jesús Julio quería ser el candidato, lo ha bordado con su indefinición. Le han salido bien sus tres negaciones, como a Pedro, y me refiero al apóstol, claro, no a Sánchez, que ha negado la verdad mucho más de tres veces y siempre para traicionar a los suyos. Se confirma que, en política, no hay más realidad que «solo no es sí» y que para llegar a lo que sea hay que dar a entender justo lo contrario de lo que se pretende.

Jesús Julio Carnero ha dicho a quien ha querido escucharle que no estaba en sus planes presentarse a la Alcaldía de Valladolid, que él estaba al margen, centrado en otras cosas y que su reino no es de este mundo. Pero, como decía Serrat «nunca es triste la verdad; lo que no tiene es remedio». Y la verdad es que, si grazna como un pato, camina como un pato y se comporta como un pato, seguramente sea un pato. Y si el mejor candidato que puede presentar el PP camina como Jesús Julio, tiene el perfil de Jesús Julio, en las encuestas te dicen que se llama Jesús Julio, y, además, con su nombramiento Mañueco se quita de encima un rival que ya sonaba demasiado como posible relevo en la presidencia de la Junta, pues seguramente sea Jesús Julio. Si gana, será alcalde. Si no, posiblemente presidente de la Diputación. En cualquier caso, su ‘delfinazgo’ en la Junta finaliza hoy y Mañueco despeja su horizonte, no solo de posibles rivales sino también de posibles fracasos que serían, sin duda, achacados a su inacción. Vamos, que con este movimiento, Mañueco consigue todos los beneficios sin ninguno de los riesgos. Por ello, ninguna otra cosa habría tenido sentido. Aunque no deja de sorprender que, para darse cuenta de ello, hayan tenido que pasar tantos meses.

La contienda se antoja dura. Tanto PP como PSOE presentan dos buenos candidatos. Puente y Carnero son rivales curtidos y, posiblemente, el resultado final se vuelva a decidir por unos cientos de votos. La campaña va a dar juego porque las encuestas que se manejan dan un posible empate a 11 concejales, manteniendo, por lo tanto, el PSOE su resultado actual y asegurándose el PP al menos dos de los concejales que actualmente tiene Ciudadanos. Es decir, otros 11. La clave está en los socios, en las muletas radicalpopulistas a uno y otro lado. O, dicho de otra manera, en saber si VTLP es capaz de superar a Vox cuando su espacio ideológico no solo está desprestigiado sino en franco retroceso, con Saravia jubilado, Podemos roto y la plataforma de Yolanda Díaz sin arrancar. Bien es cierto que Vox no está mejor y que estos meses en la Junta han servido para abrir los ojos a muchos y que sus expectativas se hayan desplomado. En cualquier caso, sin duda mejorarán su representación, actualmente limitada a un concejal y que podría llegar a tres.

La batalla del concejal en liza se librará en Parquesol y Delicias, barrios donde el PSOE se está volcando y, por parte del PP, en Parquesol, Villa de Prado y Covaresa, zonas medias donde Carnero intentará recuperar los votos que se fueron a Ciudadanos. No tengo ni idea de quien ganará, pero, mucho me temo que al que vean sobreactuando tranquilidad, confianza y soberbia, ese será el perdedor. Hay partido.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 12 de enero de 2023. Disponible haciendo clic aquí).