La visión de la sociedad y de la historia como una lucha entre grupos antagónicos es una simplificación burda en la que solo creen los marxistas. Bueno, y también esa parte de la derecha que un día fue marxista y que, aunque luego cambió de bando, no llegó a despojarse del odio como motor: se limitó a cambiar su objeto. Antes odiaban a la derecha y ahora odian a la izquierda, es decir a su ‘yo’ previo, porque todo odio es auto odio. Pero las bases son las mismas, es decir, odiar y mantener la visión del otro como enemigo. Como vemos, del marxismo no se sale, es una enfermedad crónica. Y por eso es tan peligroso, porque da respuesta a todo desde el comodín del victimismo. Se ha colado hoy hasta en la derecha alternativa, cuyos caladeros son los colectivos que se entienden oprimidos, ya no desde el punto de vista económico como los marxistas clásicos, sino desde el identitario, aunque sea debido a falacias. Y eso convierte a los guerrilleros en boxeadores sonados que dan puñetazos al aire en un ring en el que no hay nadie más.

Ver al otro como enemigo y como opresor es lo opuesto a la fe católica. De hecho, si algo se observa en la guerra cultural de la derecha es que en ella no solo subyace una visión marxista sino, también, protestante. No es casual que sus abanderados sean Trump o Bolsonaro: la guerra cultural es, en el fondo, una guerra de religión, el puritanismo calvinista contra la libertad católica, el instinto protestante de expulsar de la sociedad a los impuros frente a la pulsión católica de acogerlos y ponerlos los primeros en el reino de los cielos. Ese mix importado y perturbador de marxismo y protestantismo genera un combate entre dos visiones apocalípticas que pretenden destruirse mutuamente en lugar de aferrarse ambas a un marco liberal que les asegure no solo la existencia sino, además, la convivencia. Lo contrario del marxismo no es el antimarxismo, sino el liberalismo, que necesariamente incluye al adversario.

Y así llegan los vomitadores de tibios, esos católicos que del Nuevo Testamento solo te citan Apocalipsis 3:15-16: «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Pienso que, en lugar de a un Juan senecto, podrían citar a nuestro joven Maestro: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra». Entenderían, como dice Carrère, que el Reino es para los buenos samaritanos, las putas amorosas, los hijos pródigos y no para los maestros del pensamiento ni para los que se creen por encima de los demás. Así que no te preocupes, Feijóo, si te llaman tibio. Si de algo estamos sobrados es de cafres ardientes, de cafres helados y de vomitadores de bocas. Y lo que el PP debe representar engarza exactamente con lo contrario, con la moderación y con la libertad, que son los conceptos que Occidente hereda del mundo católico. La derecha española no es ese postmarxismo protestante. Aunque algunos no se hayan enterado.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 14 de enero de 2023. Los vomitadores de tibios, vomitaron, como suelen. Disponible haciendo clic aquí).