Se miran con respeto, pero también con distancia, como dos maestros en el callejón con la vista anclada en un punto del infinito que, seguramente, sea solo un punto del pasado. Se enroscan en el capote de paseo y mueven el cuello a un lado y a otro, serios, hurgando con la mano en el cuello de la camisa, supongo que para ahormar el corbatín. Y la yugular. Es un movimiento nervioso, un tambaleo automático para descargar presión, el estertor litúrgico de los humanos cuando están a punto de convertirse en héroes. Se tantean y se dan sitio, sonríen lo justo -pocas cosas tan serias como los Toros- y se miran poco, como dos chavales que se acabaran de conocer. Y, en parte, así es: aunque son compañeros, Rosario Pérez y Jesús Bayort se acaban de conocer, al menos en persona. Ella es veterana en la casa; él no tanto. Ella se mueve con seguridad; él, por derecho. Ella está en figura -lo es- y no conozco a nadie que escriba mejor de toros. Él ha venido a comerse la historia desde la experiencia de haber sido novillero, subalterno y de escribir como solo puede hacerlo el que sueña cada noche mirando a La Macarena. Ella es extremeña, pero, tras veinticinco años, ya representa a Madrid, la capital mundial del toreo. Él es sevillano y representa, ay, a las golondrinas del Arenal y a los vencejos del Museo. En ambos recae la responsabilidad de una nueva etapa en nuestra sección de Toros. Y yo tengo la suerte de representar el papel de testigo y aguantarles a ambos los trastos en un encuentro que marca un antes y después en la información taurina de ABC.

«Si algo debemos agradecer a Amorós es su independencia, su honestidad y la inmensa Cultura que nos ha legado, porque es un sabio», dice Rosario. «Andrés es un caballero, representa la elegancia y si algo hay que le debemos especialmente es el prestigio que nos ha dejado desde un talento innato», dice Jesús. Y es cierto. Andrés Amorós lo sabe todo y ha dejado un sello en el periódico que permanecerá para siempre. Se nota en la conversación, ese poso está presente. Porque si hay un periódico con solera y donde el respeto por la herencia se huele al pasar las páginas, ese es el nuestro. «ABC es la gran tribuna del toreo, la Biblia. Es un periódico culto e ilustrado y, desde la tradición, siempre ha representado la vanguardia. Y no hay nada más vanguardista y rompedor que el toreo. Y, sobre todo, siempre hemos sido el periódico de la Cultura. Y decir Cultura es decir Toros. España es lo que es por su Cultura y el toreo lo vertebra todo», apunta Rosario. Jesús asiente. «Tanto en Madrid como en Sevilla, ABC es el gran referente, el baluarte a defender. Y, por eso, es tan importante abrirse a los nuevos públicos, a los jóvenes, que están muy lejos de la prensa, pero se acercan cada vez más a los Toros. Hay que fidelizarlos, porque existe un interés enorme por parte de una juventud a la que les han censurado y prohibido lo taurino. Y si te censuran, te acercas. Y si te prohíben, te interesa. Por eso, los toros son ya algo reivindicativo, contracultural, algo de ir contra las normas. ¿Por qué tengo yo que seguir las normas si esas normas son absurdas?», se pregunta Bayort.

Clasicismo y modernidad

No les falta razón. Pese a que la Fiesta tiene problemas, el efecto rebote de una juventud cansada de adoctrinamientos revela que algo está pasando en la sociedad. Y los Toros son un gran medidor. «El mundo de los Toros se está renovando de modo natural y ABC tiene que acompañar esa renovación, porque se torea como se es, se escribe como se es y ABC es precisamente ese encuentro entre clasicismo y modernidad», dice Rosario. Y Jesús añade que «en esta nueva etapa habrá nuevos formatos, nuevos lenguajes y un mayor peso de lo audiovisual, lo multimedia y lo interactivo, con tertulias, podcasts y más sorpresas». «Pero manteniendo la personalidad y nuestra conexión con un público que nos sigue desde hace años y que queremos que siga haciéndolo», dice Rosario, que pone además el foco en la independencia. «Esa independencia requiere dar al torero la distancia que César Rincón daba a los toros. Hay que tratarle de usted a tú, con mucho respeto, pero, desde luego, no puede ser un trato cómodo, porque ni el periodismo ni el toreo son algo cómodo. No podemos hacer reverencias. Hay que ser, nunca mejor dicho, irreverentes». Jesús incluso se refiere a los Toros como algo «políticamente incorrecto, transgresor, moderno, vanguardia pura. Y es así, pero hay que saber contar los Toros, la herencia, explicarlo todo desde el principio y las veces que haga falta. Tenemos que ser didácticos y ‘cargar la suerte’, para que nuestros lectores vean lo que los demás no ven».

Conectar con la sociedad

Ambos dan peso a lo estrictamente periodístico. Rosario sugiere que «en España hay mucha crónica, pero falta periodismo, falta la calle, el festejo popular, los toros en el campo, lo que pasa cuando parece que no pasa nada, las negociaciones… Es un mundo muy hermético y el sector tiene que darse cuenta de que no se puede conectar con la sociedad dando la espalda a los medios». Su foco: «La noticia, los reportajes humanos y los temas del campo. Los ganaderos son los otros héroes olvidados, el nexo con la ecología y no solo con la Cultura y los personajes de alrededor, es decir, cómo vive un banderillero que no tiene ni para un café o qué pasó con aquel semental». Jesús, por su parte, se muestra especialmente interesado por el hecho de que «los Toros se hayan convertido en un espectáculo elitista, que hayan desaparecido de abajo, de las estructuras iniciales, de los cimientos, de las veladas de barrio. La burocracia se lo ha cargado y todo son dificultades. Si no fidelizas desde la base, es difícil que la gente se acerque. Lo paga quien puede y se encapsula todo en las grandes ferias. Pero fuera de ese circuito, se cae, porque hay más público que afición, y mucha gente de paso que va solo a los grandes carteles». Y por ello quiere hacer afición, pero «seguir siendo incorrecto, es decir, no escribir pensando en lo que puedan decirme». «Ya dijo César Jalón que ABC no está en la lista de gracia de los toreros. Y va a seguir sin estarlo», apunta Rosario.

Buenos tiempos

Y salen nombres. Van alternándose referencias a Pemán, a Ruano, a Camba, a Ramón y a tantos otros. «ABC tiene, sobre todo, ecosistema. Hay dentro un grupo de columnistas y de periodistas aficionados y que escriben muy bien que, desde luego, tienen mucho que aportar, como siempre ha pasado en esta casa». Y se enfrascan en una conversación de muchos quilates, una conversación de esas que nos gustan a los taurinos, pasando de un tema a otro, recordando pases antológicos, tardes para el recuerdo, maestros olvidados, anécdotas, frases que piden mármol y pronósticos para la temporada. «Morante es el mayor hecho cultural del siglo XXI», dice Charo. «Morante no es un imitador: es un anticuario, un baúl, un profeta», dice Jesús. Y se vienen arriba. «Si en los 60 los referentes populares eran los Beatles, Muhammad Alí y El Cordobés, hoy serían Rosalía, Nadal y Roca Rey», apunta Charo. «Si Roca Rey quisiera, sería un fenómeno como lo fue El Cordobés», dice Jesús, que reivindica «mucha mayor presencia de las figuras en la vida social, en los estrenos, en los teatros, el cine, la Gran Vía». «Tienen que dar un paso adelante, la ambición que tienen en el ruedo tiene que trascender la plaza», añaden.

Y yo al final, entre tanto quite, también me vengo arriba, me quito el abrigo y hago la faena de Aparicio en el 94, sentándome finalmente en el estribo para simular aquellas lágrimas que le enjuagamos todos. Vienen buenos tiempos, la temporada promete, estos dos maestros se van a lucir en las ferias y en las páginas: Rosario en la redacción de ABC en Madrid y Jesús desde la de Sevilla. El resto disfrutaremos de una dupla inmejorable, de dos sensibilidades extremas y de un dueto que se hará los coros desde la distancia, tan cercana, al arte hondo. Y, para el resto, ya estamos los de plata.

(Este texto se publicó originalmente en ABC el 22 de enero de 2023 con el título «ABC dobla su apuesta por los Toros en defensa de la cultura y la libertad». Disponible haciendo clic aquí).