Mañueco, que es a lo que vamos, está en disposición de elegir si quiere ser Guardiola y Azcón o Moreno y Ayuso. Está en su mano elegir el perfil que quiere tener dentro del PP y con el que quiere pasar a la historia tras este último mandato. Conviene recordar que el acuerdo con Vox no es igual de caro ahora que tras una mayoría absoluta de Moreno, que implicaría un Vox en fuerte retroceso. Supongo que, por ese motivo, intentará ver qué pasa en esas elecciones antes de tomar una decisión. Porque en Castilla y León hace falta gente. Es un hecho. E insisto más: aunque no debamos caer en la romantización de un colectivo que no es ni mejor ni peor que nosotros, en Castilla y León no hay problemas con los inmigrantes, más que en casos puntuales y casi siempre derivados de la pobreza, de las drogas y de situaciones de marginalidad, exactamente igual que ocurre con los españoles conflictivos.

Pero es que, además de que con las cosas de comer no se juega, sucede que es inmoral. Le gustará al 60% de socialistas, pero está por ver que eso le guste a liberales, conservadores, empresarios o católicos. Todas las patronales piden más mano de obra; la Iglesia nos recuerda que los seres humanos deben ser tratados con dignidad. Y ya sabemos que Vox es un partido abiertamente anticatólico y profundamente enfrentado a la jerarquía de la Iglesia; y también sabemos que este nuevo Feijóo, irreconocible y muy distinto al que cosechó cuatro mayorías absolutas en Galicia, es capaz de firmar pactos contra el humanismo cristiano que inspira la ponencia aprobada en el último congreso y los propios estatutos del partido. Pero se espera que Mañueco, que ya está en su último mandato, muestre liderazgo, se sitúe en lado correcto y tenga el valor de no aceptar esas imposiciones y de ir a elecciones si fuera necesario para defender unos principios liberal-conservadores, humanistas-cristianos y de apuesta por el crecimiento económico y social. Sospecho que no tiene nada que perder. Pero, sobre todo, estoy seguro de que esa audacia marcaría el paso no solo a todos los ayuntamientos de la región -todos en riesgo si apuestan por la xenofobia-, sino también al resto de autonomías en el ciclo electoral del año que viene. Ser la trinchera que frenó a Vox o la trinchera que frenó al PP. He ahí la cuestión.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 1 mayo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).