La distancia entre el PP y el PSOE en las últimas andaluzas fue de diecinueve puntos. En las generales que vinieron después esa distancia se redujo tan solo a tres. Andalucía muestra un comportamiento dual: el voto útil contra Vox se concentra en Moreno en las autonómicas, pero en Sánchez en las generales. Y tiene sentido: nadie cree que Juanma pueda aceptar las imposiciones de Vox y se da por hecho que, en el caso de no lograr la absoluta, iría a una repetición, sin miedo y con la certeza de que, por el camino, el bloqueo de Vox lo debilitaría aún más. Por eso los desencantados del PSOE lo votan. Sin embargo, esos mismos desencantados también creen que Feijóo, llegado el momento, comprará lo que Vox le exija para llegar a Moncloa, algo que ya lo separó del poder en 2023 y que sigue sin interiorizar. Por eso no lo votan. Y la culpa no es de la prensa por advertirlo, como pensaría Florentino, sino de quien tras Extremadura se apresuró en asegurar que «somos el 60 por ciento», fijando la idea de que PP y Vox forman un bloque, una idea que, tan solo en Andalucía, moviliza casi seiscientos mil votos extra hacia Sánchez en las generales.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 16 de mayo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).