
Decía Eugeni d’Ors que, en Madrid, a las siete de la tarde, o das una conferencia o te la dan. En una versión libérrima, podríamos decir que, en mayo, en Madrid, o presentas un libro o te lo presentan.
En realidad, sucede lo mismo en abril, por eso de San Jorge,un santo turco que se celebra en Barcelona y que pone muy nerviosos a los escritores madrileños. Todos quieren que su libro esté en las mesas el día en el que los catalanes se regalan rosas, libros y esa pizca de superioridad moral.
Esto genera un atasco de presentaciones y no hay tarde en la que no tengas dos o tres. Por algún acuerdo tácito de la civilización, los lunes y los viernes se evitan, así que toda la congestión sentimental y editorial se concentra entre martes, miércoles y jueves. Y allá se apaña uno. Porque no sé cómo funcionará esto en Sheffield, pero sobra decirte que, en España, nadie quiere ir a la presentación de un libro.
Se va por amistad, Nickie, por cariño, por esa mezcla tan nuestra de afecto y pereza que lleva a decir ‘sí’ a cosas a las que uno estamparía un ‘no’ rotundo. Tú todo esto no lo entiendes porque eres inglés, pero ya te he dicho alguna vez que a esos a los que vosotros llamáis ‘asertivos’ nosotros los consideramos ‘gilipollas’ de toda la vida.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 23 mayo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).