Llevamos demasiado tiempo hablando de estrategia en vez de hacerlo de principios. España es ya una enorme conversación de ‘spin doctors’ de taberna donde todo es táctica, relato y calendario. Nadie habla de política como vocación de servicio al ciudadano, algo que suena ingenuo, antiguo, casi de pueblo, como yo cuando doy los ‘buenos días’ a la persona que se sienta a mi lado en el tren. Pero resulta que la política no es un manual para sobrevivir a la vergüenza sino una forma imperfecta de cuidar lo común. Por eso hay momentos en los que hace falta menos cálculo y más dignidad. La coartada de no apoyar una posible moción porque también la votaría Vox no vale siempre ni para todo. Porque no se trata de entregar el Gobierno a Vox sino de permitir un gobierno del PP en solitario para convocar elecciones, es decir, para que voten los ciudadanos y la democracia respire. Convertir el miedo a Vox en indulgencia para sostener la corrupción no es más que una manera de llamar antifascismo a la fontanería.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 25 mayo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).