
La bandera de España se cayó durante el desfile del Día de las Fuerzas Armadas, y a mí me pareció una decisión comprensible. No digo que fuera premeditada, una especie de complot, un autogolpe. Pero tampoco lo descarto. Las banderas soportan pulseras, balcones y ruedas de prensa, pero el día menos pensado se empiezan a mirar por dentro, hacen balance y deciden que hasta aquí hemos llegado. En ese momento se suelta un enganche, se baja la cuerda y la patria se descuelga como quien abandona un grupo de WhatsApp. La escena tenía algo de sainete institucional y de metáfora involuntaria. Sonaba el himno, miraban el Rey y la Princesa de Asturias, las nubes bajas habían cancelado la exhibición aérea y España, que cuando quiere tiene un talento natural para la literatura, decidió poner sus símbolos en el suelo.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 1 junio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).