En ese momento, la bola de tenis ya llevaba la cara del Santo Padre, que cruzaba de bancada en bancada convertido en proyectil. Bolaños a Cayetana: «Imagino que cuando el Papa habló de violencia, de guerra y de mentira, usted se sentiría personalmente aludida». Y ya desatado, le puso a la bola una anilla. Y se tornó granada: «Yo entiendo que no le gustara el discurso del Papa. Las vueltas que da la vida, al final nosotros acabaremos en el cielo y ustedes ardiendo en el infierno». Y a Pepa Millán: «La vi aplaudir con fervor el discurso del Papa que decía que no polarizáramos, que cuidáramos las palabras y que diéramos dignidad a todas las personas. Tenga cuidado, que el infierno está cerca». Si yo no tuviera el firme propósito de desarmar mi lenguaje, diría que este señor es un impresentable.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 11 junio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).