Cuando vayas a París, chulona mía, voy a verte en el Distrito XVI. Exactamente ahí, en la avenida Marceu, está la Embajada de España, en la que supongo que las campanas tocarán a gloria en honor de las veintitrés piezas que nuestro Museo de Escultura va a ceder al Louvre para la exposición ‘Esculpir el color’, que tendrá lugar entre octubre de 2026 y enero de 2027 y que me tiene loco buscando puente, hotel y vuelos. Las esculturas viajarán desde Valladolid al Hall Napoleón, que dicho así parece una sala importante, aunque no tanto como el Colegio de San Gregorio, naturalmente. La verdad es que agradezco que en Francia hayan querido darle un marco solemne al asunto, porque no todos los días se tiene ocasión de recibir madera castellana con semejante nivel de autoridad. Además, la muestra coincidirá con una exposición dedicada a Zurbarán, lo que permitirá que se establezca un diálogo entre pintura y escultura, entre lienzo y talla, entre la luz de sus hábitos blancos y la carne policromada de nuestros Cristos. Pues muy bien. En Valladolid llevamos siglos entendiendo ese diálogo sin necesidad de simposio, pero nunca está de más que los franceses vayan descubriendo algunas cosas. Que bastante hicieron ya con la baguette. Además, lo último que Valladolid dio a París fue a Ana de Austria y la cosa acabó con su hijo, el Rey Sol, erigiéndose como icono universal del absolutismo. La verdad, ahora que lo pienso, me cuadra perfectamente que el absolutismo tenga como origen la mirada de una madre pucelana.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 19 junio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).