Si fuéramos un país grande, si tuviéramos un gobierno serio o si al menos el pueblo español no hubiera mutado en esta masa narcotizada que mira una pantalla para no mirar la realidad, hace tiempo que habríamos vuelto la mirada hacia Cuba, que es como volverla hacia nosotros, porque somos lo mismo. Tras Caracas y Teherán, llega La Habana. En Irán, Trump ha hecho el ridículo; pero en Venezuela, más. Su intervención no solo no ha servido para acabar con el chavismo, sino que además lo ha blindado, recibiendo, como agradecimiento, el Nobel de la Paz de manos de la lideresa de la oposición, que aún debe estar arrepintiéndose del error. Cuando se llevaron a Maduro, el Gobierno de España decidió que no teníamos nada que decir en el futuro de Venezuela, que aquello no iba con nosotros y que lo que les sucediera a los venezolanos a partir de entonces nos importaba poco. Siempre que lo que les sucediera no fueran joyas, petróleo o comisiones, se entiende.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 20 junio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).