
Madrid ha puesto a Battiato en el suelo, que es la mejor forma que se nos ha ocurrido de subirlo a los cielos. La placa está en Juan Bravo, frente a la Embajada de Italia, y en ella se puede leer: «Madrid a Franco Battiato. 1945-2021». Luego, en las dos lenguas de su vida española, aquella frase: «Busco un centro de gravedad permanente». Ahora las princesitas de Salamanca pasan por encima de la placa de camino a depilarse, al gimnasio o al Milford. Quizá alguna, que esté un poco triste, mire para abajo y descubra que lo que llevaba toda la vida buscando ya lo dijo un siciliano con cara de extra del Gatopardo. En realidad, Battiato era un místico de discoteca, un monje siciliano que encontró a Dios entre sintetizadores. Tenía un aire de sabio bizantino y de profesor de metafísica contratado por una televisión local para cantar a las mónadas de Leibniz y ahora a las monadas de Serrano. Que es igual, pero en lisérgico.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 11 julio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).