El siglo XX terminó con un alemán cruzando el Muro y el XXI comenzó con un chino comiéndose un murciélago, que según Gómez de la Serna es el espíritu santo del demonio. Entre medias mi siglo, el veintipico, el único que en lugar de durar diez décadas duró treinta años, cuatro meses y dos días, una medida como una condena definida por un tribunal de ingleses borrachos y que describe la distancia que une noviembre de 1989 y marzo de 2020 con un túnel invisible, un metro fantasma y un paquete de Lucky. Fue mi siglo un breve respiro, un interregno civilizatorio entre el comunismo y el populismo, es decir, entre la revolución y sus desechos. Los mayores vivieron la dictadura de Franco y los que vinieron después, la del algoritmo. Solo nosotros vivimos libres desde el principio, en un país europeo, con una Constitución avanzada y un desarrollo social, cultural y económico sin precedentes desde el Madrid del Siglo de Oro, la Florencia del Cinquecento o el París de la Belle Époque.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 20 julio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).