Hay personas que aprenden un oficio y otras que parecen recordarlo. La diferencia es enorme: los primeros estudian, se esfuerzan y, con un poco de suerte, terminan por dominar una técnica. Los segundos hacen lo mismo, pero cuando los ves en acción tienes la sensación de que no están incorporando un conocimiento nuevo sino recuperando uno antiguo, como si alguien hubiera dejado escondida la sabiduría en algún rincón de su ADN y bastara un pequeño estímulo para invocarla. Ocurre con algunos cocineros, con algunos escritores y con esos músicos capaces de interpretar una pieza como si la hubieran compuesto ellos mismos. Hace tiempo que sospecho que algo parecido sucede con Mario Navas, el último torero de Valladolid. No tengo ninguna prueba, es una intuición emergente, una de esas teorías que uno construye para intentar explicar aquello que, en realidad, no puede ser explicado. Porque resulta muy complicado entender cómo un muchacho de su edad puede manejar un lenguaje que pertenece a un mundo que no ha conocido. Es verdad que ha visto vídeos, que habrá tenido maestros y que habrá dedicado media vida a entrenar delante de un espejo o de una tapia. Pero todo eso puede explicar el aprendizaje, nunca el gusto, que es el concepto verdaderamente importante y que no obedece la lógica.

Vivimos una época buena en la enseñanza de procesos, pero mala en la transmisión de miradas, de pellizcos, de lugares en el mundo. Nunca ha habido tantos manuales, tantas escuelas y tantos expertos. Y, sin embargo, uno tiene la sensación de que todo empieza a resultar demasiado parecido. Da igual que hablemos de arquitectura, de cocina o de fútbol. Hay una uniformidad aplastante que no nace de la falta de talento, sino precisamente del exceso de método. Todos conocemos ya el camino correcto y quizá por eso cada vez resulta más difícil encontrar a alguien que se atreva a desviarse unos centímetros para encontrar el suyo. 

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 24 de julio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).