
El próximo fin de semana volverás a hacer una de esas cosas que solo los ingleses podríais convertir en atracción turística. Irás a Buckingham Palace, buscarás un hueco entre un matrimonio de Ohio y trescientos japoneses y esperarás pacientemente a que empiece el cambio de guardia. Me gusta imaginarte allí porque resume bien vuestro carácter. Un español necesita que ocurra algo extraordinario para detenerse a mirar y, sin embargo, vosotros sois capaces de quedaros fascinados viendo a unas personas sustituir ordenadamente a otras. Luego decís que no entendéis el humor español. En España también tenemos un cambio de guardia, solo que no sale en las guías de viaje, no lleva uniforme y no sirve como icono para los imanes de las tiendas de recuerdos. Sucede todos los últimos fines de semana de agosto. Mientras tú miras cómo unos soldados cruzan el patio de Buckingham, aquí millones de niños cambiarán de coche, de casa y de llaves. Habrá maletas demasiado grandes para cuerpos demasiado pequeños, mochilas llenas de bañadores húmedos, bicicletas mal colocadas en un maletero y peluches viajando de un dormitorio a otro como si fueran diplomáticos en misión permanente.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 25 julio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).