No hay nada más vallisoletano que eso de: «Bueno, ya, si eso, después de ferias», que quiere decir que eres muy consciente de que hay que hacerlo, pero que por el momento no te sale de las narices. Que no tienes intención. Que pasas. De hecho, que pasas hasta tal punto que ni siquiera vas a molestarte en poner una excusa. Llegan las ferias y eso es suficiente motivo. Es una especie de comodín, el gol de oro. Tú dices: «Lo dejamos para después de ferias» y tu interlocutor asume, calla y otorga, como si no hubiera manera posible para manejar esa objeción. No sé cómo lo harán el resto de ciudades, quizá no tengan esa figura o la tengan de otro modo. Pero para nosotros es como la pausa de hidratación: «Mire, no voy a correr, no voy a hacer mi trabajo y, de hecho, voy a tocarme las narices para beber un rato delante de las cámaras y de todos los jefazos del mundo. Y a callar porque esto es lo que hay».

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 28 agosto de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).