A las 9.07 subía a la tribuna el hombre del traje gris, con su moreno tornasolado y ese mechón blanco como el que le salía a Stripe, el Gremlin malo. Lo hacía con una referencia a los cañones incautados a los marroquíes en la guerra de África, cuyo bronce sirvió para fundir los leones que hoy jalonan la entrada del Congreso. Cambió así de género narrativo, abandonando la ciencia ficción habitual para entrar en el realismo mágico. Me acordaba entonces de Juan Rulfo y de uno de los cuentos recogidos en ‘El llano en llamas’, ese en el que un padre lleva sobre los hombros a su hijo moribundo, durante la noche, camino de Tonaya, el pueblo en el que espera encontrar un médico que pueda salvarlo. El hijo no puede andar, de manera que todo el cuento consiste, en esencia, en la imagen del padre agotado, avanzando torpemente con su vástago encima.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 4 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).