
Para sobrevivir a tu propia ejecución hay que ser muy maleducado o muy aguafiestas. El Estado llevaba treinta años preparando la de Christa Pike, había movilizado a jueces, fiscales, funcionarios, médicos y hasta a verdugos, como Azcona; había rechazado recursos, firmado instancias, fijado fecha y comprado pentobarbital, que, la verdad, cada día está más difícil. Y resulta que cuando llega el gran día le ponen la inyección y ella sigue allí, roncando como si nada, soñando en cómo encajar a Bellingham con Arda Güler. Eso es lo que le ha pasado a Pike, que el miércoles pasado recibió sus dos dosis de barbitúricos bien cargaditas y ni aun así estiró la pata. La verdad, no se me ocurre mayor acto de insubordinación administrativa.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 3 de octubre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es m980’uy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).