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PATHETIC (X)

En Londres amanece antes de la seis de la mañana, algo que nunca hemos sabido agradecer lo suficiente. Aquel día, ese primer rayo de sol me sirvió para salir del estudio en busca… Sigue leyendo

PATHETIC (IX)

Helen escuchaba constantemente la Sonata No. 8 de Beethoven, la “Patética”; esa era la banda sonora de mi vida junto a ella. La “Patética” para desayunar, la “Patética” para llorar, la “Patética” para reír o… Sigue leyendo

PATHETIC (VIII)

Me fui a Battersea a por Henry. Es un buen amigo y he aprendido mucho de él. Con su manera de ver las cosas me dio las pautas definitivas para entender a las… Sigue leyendo

PATHETIC (VII)

Lo único que me quedó claro tras aquella noche de carnaval es que Helen era una artista. Lo supe porque no la entendía, y no me refiero a un no-entender típico de un hombre hacia… Sigue leyendo

PATHETIC (VI)

Mi segunda mujer iba a ser Helen Sartain. Ella era la única persona que me trataba como si fuera escritor, es decir, como si fuera yo, el nuevo yo, el recién nacido. Del… Sigue leyendo

PATHETIC (V)

Me senté a escribir en cuanto bajó el sol y la noche postvictoriana se me metió en el estilo. Yo quería triunfar con Pathetic, pero triunfar a mi manera, es decir, un triunfo… Sigue leyendo

PATHETIC (IV)

El dueño de mi estudio en Portobello se llamaba John Mallion, tenia una edad imposible -digamos que ciento cincuenta años- y vestía como un romántico del XIX, aunque según Oscar Wilde, el siglo XIX… Sigue leyendo

PATHETIC (III)

Tenía unas cuantas ideas acerca de lo que quería escribir y necesitaba que Londres me diera el resto. Debía -por encima de todo- romper la distancia física entre la obra y Martha, la mujer… Sigue leyendo

PATHETIC (II)

La verdadera vida de un hombre comienza cuando pierde a su mujer y rompe el huevo para nacer de nuevo. Para muchos ese momento nunca llega y se pasan la vida en la placenta,… Sigue leyendo

PATHETIC (I)

Alquilé una habitación en el número 299 de Portobello Road, un edificio de dos plantas, fachada ocre y arquitectura imposible que me encontró Henry. Antes de Julia Roberts nadie quería pasar por aquí.… Sigue leyendo